Mi pueblo

Sábado, 3 de febrero de 2007

La imagen, emblemática, de la  Plaza Vieja saldañesa, ilustra el texto que dedico al lugar que me vio nacer.

Web del Ayuntamiento

Escuchar el himno de Saldaña:

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Mi pueblo

“El futuro le hace guiños a la villa de Saldaña, que nunca le volvió la cara a reto alguno”

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Vaya por delante mi condición de saldañés, lo que sin duda añade cierta carga de subjetividad a lo que a continuación leerán ustedes; aunque no es menos cierto que la realidad es la que es y muestra bien a las claras que merece la pena visitar Saldaña, conocerla y disfrutar de sus calles y plazas, de su gastronomía y de la belleza de su entorno. Todo ello convierte a esta villa, situada “a un extremo de Tierra de Campos, donde empieza la sierra  ondular”, como reza su himno, en lugar idóneo para pasar unos días de vacaciones o perderse durante un fin de semana.

La comarca saldañesa cuenta con un patrimonio natural envidiable, al que hay que añadir el artístico, cuya representación máxima ostenta la Villa Romana de La Olmeda, en obras hoy aunque pronto volverá a mostrar todos sus encantos al visitante. Hay que resaltar el esfuerzo inversor hecho por la Diputación Provincial de Palencia para la conservación y disfrute de esta auténtica joya, y hay que reconocer también la figura de Javier Cortes, alma mater del proyecto, un proyecto que ha ido creciendo gracias a su esfuerzo y dedicación y que, de momento, hasta su previsto traslado a la antigua Fábrica, puede usted contemplar parcialmente en la Iglesia Museo de San Pedro. Sí, piérdase unos días en mi pueblo. Puede hacerlo en solitario, de la mano de un ser querido o en compañía de un amigo o amiga, con la cámara fotográfica presta para inmortalizar la obligada visita a la Plaza Vieja, porticada y empedrada plaza castellana en la que, como dice José María Caballero, historiador de la villa, “siempre bajo la oquedad de un cielo azul, de una noche de estrellas o de una sombra sin huellas, siempre el cuadrilátero sin entornos y sin pliegues de la Plaza Vieja, se yergue sobre si misma y espera como un punto en el cielo infinito”. Visítela a plena luz del día, o cuando el crepúsculo comience a extender su manto. Refúgiese en su silencio y abrace el sosiego entre muros centenarios.

¿Cuánto tiempo hace que usted no se detuvo a contemplar las estrellas, a soñar imposibles, a rescatar nostalgias, a desempolvar viejos recuerdos? Hágalo paseando río Carrión abajo o en los parajes de La Morterona. Si lo hace en ésta, siéntese sobre un pedrusco de las ruinas de lo que fue castillo y disfrute de la puesta de sol, bella, inolvidable, cautivadora, sugerente, sensual… Piérdase luego por las calles saldañesas, busque un rincón donde degustar unas viandas y póngale fin a la jornada tomándose una copa en alguno de los baretos que dan vida a la noche. Mas tarde puede alojarse a la vera de los pinares y dormir a pierna suelta, o dejarse arrullar por el murmullo del arroyo en una casa rural gozando de la amanecida y oliendo la naturaleza.

No se vaya aún, no ha terminado el recorrido por la singular villa de Saldaña. Puede que sea martes y tenga usted la oportunidad de ver uno de los mercados más concurridos que haya podido imaginar en lugar semejante. Haga acopio de cuanto crea menester, pero no deje de comprar legumbre de esta tierra. Llévese a su lugar de residencia garbanzos y lentejas, alubia blanca o pinta… Cuando los deguste sabrá lo que es manjar de tierra fértil, al que puede añadir cualquier producto de matanza que nunca viene mal en tiempo de invierno. De postre… las exquisitas ciegas, bocado exquisito para acompañar a un licor. Y dejo para el final algo que por crematístico no es menos importante. Si quiere usted invertir hágalo aquí. Materia prima hay; brazos dispuestos para hacer rentable su inversión, también. El futuro le hace guiños a este pueblo que nunca le volvió la cara a reto alguno. Aquí, utilizando lenguaje taurino, hay casta y gente empeñada en lidiar el toro del futuro. No en vano en esa Plaza Vieja, que le he recomendado visite, se lidiaron novillos cuajados, entre carros dibujando el redondel. Sólo pretendí brindarle emociones, disfrutarlas queda de su cuenta. No se arrepentirá.

Gente de mi pueblo: El blog de Javier Cardeñosa Vegavaldavia

Ver en: Palencia.com

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