Huídas veraniegas
Gómez de la Serna, en una de sus greguerías:
“Era tan mal guitarrista que se le escapó la guitarra con otro”
Gómez de la Serna, en una de sus greguerías:
“Era tan mal guitarrista que se le escapó la guitarra con otro”
La llegada de Michelle Obama a Marbella bien podría servir para escribir una trilogía en la que recoger el discurrir patrio en este inolvidable (por lo de la visita, claro) verano de 2010. La llegada, La estancia y La partida, podrían titularse los tres volúmenes de la obra, digna de ser escrita por las mejores plumas de la narrativa hispana.
Resuenan en mis oídos los gritos de ¡guapa guapa guapa!, proferidos por la gente marbellí a la figura de la primera dama estadounidense como si de una novia principesca camino del altar se tratase. Hay quien afirma que su visita dará origen a la segunda parte de la berlanguiana Bienvenido Mister Marshall, rodada a todo color y en tres dimensiones, que por algo han avanzado los tiempos. ¿La llevarán a los toros para honrar a nuestra maltrecha y maltratada fiesta? ¿Dará pie a la firma de un nuevo tratado de amistad y cooperación con el país cuna de Wall Street? ¿Tratarán con ella el “caso Couso” y la prometida reinvención del capitalismo? Estoy sumergido en un mar de dudas… veraniegas, por supuesto. Será cosa de la calor.
Me topo con Memoria de una Época, sección de El País Domingo en la que Juan Cruz entrevista a Elena Romo, cofundadora de Ruedo Ibérico, la editorial que durante el franquismo nos acercó clandestinamente el acontecer de la España real, muy lejos de la oficial que proclamaba el régimen. La entrevista es un canto a la libertad de una mujer de 95 años que mira hacia atrás sin ira.
«Se deja de militar en el PC. Pero no se es comunista, se es marxista, que no es igual. Yo soy marxista. Ahora estoy preocupadísima porque… ¿por qué nos vencen siempre? ¿Por qué tiene que haber estas crisis en las que es la gente del poder la que vence? Es algo que no comprendo. Y vamos muy mal»
Fragmento del discurso de Paul Auster en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias de las Letras 2006:
Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?
Contemplo estas imágenes mientras leo las noticias a las que ilustran. Es tal la distancia entre los protagonistas de ambas -una mujer iraní y un afamado director de cine- que resulta inevitable establecer comparaciones, imaginar reacciones, incluso indignarse…
Oriente, Occidente, una mujer, un hombre, la barbarie, la injusticia, la pobreza, la opulencia, el anonimato, la popularidad, la impotencia, la
indiferencia…
Mientras ella no oculta la mirada, él parece esconderla. Quizá han sido los fotógrafos quienes eligieron el momento; puede que la redacción del medio en el que las imágenes aparecen publicadas quisiera dejar a los ojos del espectador o lector la interpretación de ambos gestos. Pero, más allá del efecto mediático, existe una realidad incuestionable, que una vez más pone en el punto de mira el respeto a los derechos humanos.
Hay ocasiones en las que resulta difícil controlar las emociones, sujetar los impulsos que salen del alma, evitar los recuerdos que acuden a la mente como si de una cuadriga de vivencias desbocada se tratase. Esa percepción tuve al contemplar a más de una cincuentena de octogenarios -a quienes los socialistas palentinos rindieron homenaje por su larga trayectoria en el partido del puño y la rosa- estrujando su memoria en estos tiempos de desmemoria. El resultado… un recital de voces entrecortadas aproximando tiempos de penuria, de ausencia de libertad, de zozobra y también de esperanza, esa esperanza que vieron fructificar tras largos años de lucha y marginación.
¿Por qué llora?, le pregunté a una de las homenajeadas, que apenas podía caminar apoyada en un bastón. “Lloro porque ha merecido la pena, porque he podido sacar de mi alma todo el sufrimiento, todo el sabor amargo de la represión y la intolerancia”, me respondió. Y las dos lágrimas que resbalaban por sus mejillas me recordaron las que un día vi verter a mi madre mientras me contaba cómo enarboló la tricolor siendo niña, poco antes de que un golpe militar acabara con una ilusión llamada República.
Vicenç Navarro, La sabiduría convencional europea
La banca alemana fue la que prestó más dinero a la banca española en su inversión en el complejo banca-sector inmobiliario-industria de la construcción que creó la burbuja inmobiliaria en nuestro país. También compró gran cantidad de deuda pública con intereses muy elevados (que iban de un 3,5% en España a un 9% en Grecia). Los estados de los países mediterráneos, en lugar de aumentar los impuestos de los ricos y corregir el enorme fraude fiscal para pagar sus gastos públicos y sociales, pidieron prestado dinero a la banca alemana, la mayor propietaria de bonos públicos hoy en la UE.
Aquí, sobre este nuestro solar patrio, tierra de conquistadores y de conquistados, imperio en el que no se ponía el sol, durante las dos últimas décadas han estado cayendo diamantes en forma de ladrillo. Ocurría lo que Gonçalo M. Tavares escribe en El señor Brecht (Ed. Mondadori):
«En lugar de uvas, los racimos del reino dejaban caer diamantes sobre la tierra.
—¡Diamantes, diamantes, diamantes! Hace años que no se ve otra cosa —se quejaba el productor.»
Con tan preciado maná hicieron fortuna los conquistadores; los conquistados fueron meros espectadores del festín, encargados de reponer los platos rotos cuando concluyó la gran comilona. Hoy, tras el fin de fiesta, de los racimos del reino sólo queda el raspón, del que, como no podía ser de otra manera, se quieren apropiar los conquistadores.
Rosa Montero, en El País, La hidra
La creatividad de la escasez, Vicente Verdú / El País
«En España, los costosos edificios, necesariamente muy fotogénicos, que se levantaron durante los años noventa retrataron la misma soberbia faraónica presente, sobre todo, en alcaldes o gestores del dinero obtenido del vecindario»
Disfrútenlo.
[youtube=http://www.youtube.com/v/6jFbNEcJp1s&hl=es_ES&fs=1&border=1\]
Se veía venir, pero no por esperado deja de ser menos doloroso: La socialdemocracia española firmó ayer sus capitulaciones en el Congreso de los Diputados de la madrileña Carrera de San Jerónimo. Y lo hizo con la solemnidad que requieren los momentos históricos.
Mientras contemplaba a través de la televisión tan luctuoso suceso, por mi mente desfiló la historia del socialismo y del movimiento obrero en España: los tiempos difíciles, la lucha, las renuncias, las conquistas… pero nunca el descarado entreguismo a la causa neoliberal al que estaba asistiendo, en las antípodas ésta de los fundamentos ideológicos de la socialdemocracia.
Firmaron el acta nacionalistas de distinto signo, republicanos, comunistas, ecologistas y el partido que aglutina a ultraconservadores, conservadores, liberales, franquistas y democratacristianos. La militancia socialista, atribulada y perpleja, dubitativa no sabe qué hacer.
Leo en El País: