Sábado, 17 de julio de 2010
Cae la tarde mientras mis ojos contemplan el ir y venir de las olas, que perezosas rompen en la playa. A mi espalda, el monte, aproximando olores a pino y eucalipto. Y en este escenario de sosiego, recuerdo un fragmento de Nostalgia, un precioso texto de Khalil Gibran:
«Estoy sentado aquí, entre mi hermano el monte y mi hermana la mar. Los tres somos uno en soledad, y el amor que nos une es profundo y fuerte y extraño».
Viernes, 18 de junio de 2010
Este mundo de la injusticia globalizada, es un texto publicado en El País el 6 de febrero de 2002 y leído en la clausura del Foro Mundial Social reunido en Porto Alegre (Brasil)
Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones.
Domingo, 11 de abril de 2010
Soy poco crédulo. Con el paso de los años se ha instalando en mí cierto escepticismo, cierto abandono de la utopía que profesé en mis años de juventud, lo que no hace, afortunadamente, que deje de creer en el hombre, pues si uno no cree en el ser humano es mejor que busque la forma de huir del mundanal ruido, se convierta en anacoreta y se refugie en la soledad perpetua.
Ese creer en el hombre, con sus virtudes y defectos, me ha llevado en esta mañana abrileña de sol radiante y calles solitarias, mientras disfrutaba de la ribera del Carrión, a reflexionar sobre la aparente ataraxia en la que estamos instalados, ataraxia que, al igual que si hubiéramos abrazado la filosofía de lo escéptico, nos hace parecer entregados en brazos de la imperturbabilidad, en la “suspensión del juicio sobre la realidad” mientras no nos afecte directamente todo lo que está ocurriendo fuera de nuestro entorno más próximo. Y es en éste donde hay que fraguar una corriente menos positivista y más espiritual, entendiendo como tal todo lo relacionado con la tolerancia, la comprensión y la solidaridad y, por qué no, el rescate de la utopía, yendo más allá de la pretensión de alcanzar la felicidad por la vía de lo material.
Martes, 2 de febrero de 2010
Pensando en la muerte del toro imaginé un pescador en la laboriosa tarea de acercar a una trucha a la orilla del río mientras ésta luchaba incansable por zafarse del anzuelo, en un intento de huir de la muerte; imaginé también como la trucha, tras romper el sedal, huyó con el anzuelo clavado en su boca para terminar muriendo aguas abajo. Vi a una liebre dar volteretas malherida antes de rendir su vida junto a unos matorrales con una perdigonada en el lomo. Contemplé, en el restaurante al que acudo de vez en cuando, a un grupo de comensales dando cuenta de unas almejas vivas que se retorcían al sentir el efecto del jugo de limón antes de ser devoradas. Y en ese recorrido cruento, imaginé también un matadero y el proceso industrial del sacrificio de animales… Y a los miles de visones, patos, ocas y demás fauna “fabricada” por y para satisfacer ciertos caprichos del hombre. Todo esto ocurrió mientras en El País de hoy leía a Rosa Montero en su Párate y mira.
Miércoles, 28 de enero de 2009
En la estantería de mi biblioteca duerme un libro que cayó en mis manos allá por el mes de marzo del año 2002. Se trata de La revolución del sentido común (Editorial Sudamericana Señales), del periodista argentino Sergio Ciancaglini, prologado por Maruja Torres. La crisis me ha llevado a rescatarlo y a entregarme de nuevo a su lectura, pensando que una revolución del sentido común no estaría de más en los tiempos que corren.
En la página 27, el autor escribe lo siguiente: “Las estadísticas informan que la gente vive más, pero no parece tan obvio que eso signifique que se viva mejor”. Y continúa: “Tampoco el acceso al consumo ?que es imprescindible? equivale a lo que podría llamarse una buena vida. Y esto por hablar sólo de quienes están incluidos en la posibilidad de dicho consumo, una minoría de la población mundial. Para el resto, los problemas son mucho más densos, y no compran libros de auto ayuda, ni ropa de temporada, ni se hacen liftings”. Concluye así Ciancaglini el capítulo 6: “Hay algo que si tienen unos y otros, además de problemas, y que propongo contabilizar como potencial para el futuro: sentido común”.
Les invito a que reflexionen sobre lo anterior, a que escudriñen la historia reciente del mundo capitalista y, antes de emitir un diagnóstico de lo ocurrido, pregúntense que hemos hecho con ese “potencial para el futuro”. Verán como no eran necesarios tantos gurús ni tanta economía de mercado descontrolada. Pero tengan presente lo que, citando a Fernando Pessoa, sostiene Cincaglini: “Unos gobiernan el mundo, otros son el mundo”. Yo añado: Los que gobiernan el mundo lo han desgobernado, y los gobernados, el mundo, son las auténticas víctimas del desgobierno.
Domingo, 19 de octubre de 2008
Detrás de las candilejas de la Red, asoma tímidamente un blog cuya titularidad se debe a Senior Citizen. ¿Quién está bajo este seudónimo? Ustedes lo irán descubriendo. De momento les dejo el enlace para que se den una vuelta por él. Seguro que no los defraudará. El macasar
Viernes, 25 de enero de 2008
En La Cuarta Página de El País de ayer, Arturo Pérez Reverte dejaba, bajo el título de Cólera de un pueblo, certeza de una nación, su visión particular de lo que el llama “estallido de violencia” surgido en Madrid el 2 de mayo de 1808. El análisis de Reverte viene a confirmar no sólo la manipulación histórica de aquel acontecimiento; pone también sobre el tapete el tan traído y llevado concepto de “España como nación” que desde entonces hasta ahora ha tenido y tiene distintos enfoques. Lo recomiendo.
Jueves, 24 de enero de 2008
Estas imágenes que me han enviado, todas ellas premiadas en 2005, las he contemplado desde la óptica de quien quiere extraer el significado que encierran, más allá de su belleza y de la oportunidad del autor a la hora de captarlas. Les invito a que hagan lo mismo.
Viernes, 26 de octubre de 2007
Vengo del campo extremeño, de empaparme de paz y silencio entre encinas y toros bravos. En la falda de la sierra de Montanchez se respira un aire diferente. Lejos del anbiente urbano, contemplando el sobrevolar de las aves rapaces y escuchando el mugido de los becerros, uno tiene la sensación de que todo lo dejado atrás no vale
nada en comparación con la tranquilidad y el relajo que aportan estos campos y su entorno. Aquí el día tiene 24 horas en toda la extensión del término. En la quietud de la dehesa no hay prisas, ni nervios, ni un atisbo del estrés que se observa en las gentes de la ciudad.
Sentado en las piedras del cercado, viendo cómo el sol iluminaba las hojas de las encinas y las vacas amantaban a los becerros, el tiempo parecía detenerse. Me seduce la vida de la dehesa y guardo en mi retina la belleza del paisaje cuando llega el crepusculo. Caía la tarde y se aproximaba la hora del regreso. Cada día me cuesta más abandonar esta tierra, reincorporarme a la vida urbana dejando atrás todo un mundo que me seduce y me cautiva. Una manada de añojos y erales caminaba en parsimoniosa procesión en busca del lugar donde pasar la noche, mientras a mi me iba atrapando la melancolía.
Martes, 23 de octubre de 2007
El próximo día 26, en el Salón de Actos de Caja España ubicado en la Calle Don Sancho de la capital palentina, se celebrará una mesa redonda en un acto organizado por la Universidad Popular de Palencia en el que se hablará sobre la figura del periodista y escritor villadino Eduardo de Guzmán. La cita, a las 8,15 de la tarde.

Domingo, 26 de agosto de 2007
El pasado día 17, se cumplieron 71 años del asesinato de García Lorca. Este es el testimonio del recuerdo y el homenaje que le tributaron.
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Jueves, 5 de julio de 2007
LOS LEVANTAMIENTOS DE CASTILLA LA VIEJA DE JUNIO DE 1856
Virginia Seguí Collar, 05-07-07
A mediados de 1856, en lo que podríamos llamar las postrimerías de lo que se conoce como bienio liberal, tuvieron lugar los hechos que vamos a relatar, hechos que, sin duda, acentuaron la crisis en que el gobierno progresista, dirigido por el general Espartero, Duque de la Victoria, triunfante en la revolución de 1854, estaba ya inmerso. Los periódicos de la capital entre los que se encuentra: La Iberia, Las Novedades, El Occidente, El Parlamento, La Época, etc.; se encargaron de informar a la opinión pública de estos hechos y sus crónicas nos permiten reconstruirlos. Leer más…