iLa perplejidad es uno de los pocos recursos inagotables que nos quedan. Oyendo hablar -y actuar- a algunos políticos, que ayer dijeron digo y hoy dicen diego, da la impresión de que el pasado reciente ha sido borrado por un tsunami devastador, que el Gobierno de Zapatero fue el único culpable de la crisis, que la burbuja inmobiliaria fue pura invención, como la enseñanza en inglés de Educación para la ciudadanía en la Comunidad Valenciana; que Bancos y Cajas fueron un modelo de gestión financiera, que los Gobiernos valenciano, murciano, gallego, balear y castellano-leonés cumplieron escrupulosamente con el déficit, que la dilapidación de los recursos públicos fue cosa de los manirrotos socialistas, que la mentira es patrimonio de la izquierda, que la corrupción en las filas conservadoras no ha existido, que el fallo del Tribunal Constitucional sobre Bildu fue inaceptable pero el del Supremo sobre las escuchas del caso Gurtel que ordenó Garzón es un modelo de sentencia, que las manifestaciones ciudadanas son cosa de los antisistema, que lo que ocurre en la Comunidad Valenciana es una campaña mediática… Casi todo lo malo que nos ocurre es herencia, la maldita herencia dejada por Zapatero.
Ahora ya no actuamos al dictado de Bruselas. Ahora tenemos un Gobierno serio. La carta, pidiendo a la UE medios para reactivar la economía, ya no es una trasnochada medida keynesiana, ahora es por España. Sí, todo por España: la Reforma Laboral, la desdibujada del Sistema Financiero, la subida del IRPF y el IBI -negadas hasta la saciedad-, los recortes en sanidad y educación, la congelación del salario mínimo interprofesional, el céntimo sanitario, el aumento de jornada a los funcionarios, cuando no la rebaja de su salario… “La soberbia es la peor consejera de un gobernante”, decía Rajoy no hace mucho. Ahora todo es humildad, todo es buscar el consenso… vía decreto ley. Todo es cuestión de confianza.







