Cruzas el umbral de la Villa Romana de La Olmeda, y Marciano, que dice ser
mayordomo de los señores de la Villa, te da la bienvenida a un mundo sugerente, virtual y real a un tiempo, un mundo enraizado en el siglo IV que merced a la tecnología del XXI hace que luzcan en todo su esplendor mosaicos y termas, salas patricias y plebeyas aproximando a los ojos y la memoria del visitante lo que fueron las formas de vida, usos y costumbres de nuestros antepasados.
Sí, gran obra la que la institución provincial, la Diputación de Palencia, ha llevado a cabo en este paraje de la vega saldañesa, en Pedrosa concretamente, donde hace cuatro décadas Javier Cortes descubriera esta maravilla romana de la que toda la provincia palentina se siente orgullosa. La Olmeda se ha convertido hoy en el motor turístico del que esta tierra un tanto olvidada estaba necesitada. Se cuentan por decenas de miles los visitantes que han acudido en apenas cuatro meses desde su reapertura a contemplar el maravilloso mosaico que recuerda el retiro de Aquiles en la
isla de Skiros y su descubrimiento por Ulises. Y muchos de ellos se han acercado al Museo Monográfico de La Olmeda, que se encuentra en Saldaña, a tan sólo tres kilómetros de la Villa, para contemplar los objetos hallados durante las excavaciones.
Pero… ¡Ay mi tierra!, peculiar como pocas, tan peculiar que en ocasiones hasta de lo suyo reniega. Y por renegar reniega oficialmente del Museo en Saldaña, de lo contrario no se entiende el silencio. Clamoroso es el que guarda el Patronato de la Villa, y por lo tanto la institución que lo rige, en torno al museo, del que no facilita ni una sola información, ni en la Villa, ni en los medios digitales, ni en los folletos publicitarios… Sólo la amabilidad de algún guía hace saber al visitante de su existencia.
¿Por qué tanto silencio? ¿A qué es debido? ¿Qué se esconde detrás del ninguneo al que viene siendo sometida la villa de Saldaña?





