La tauromaquia ha perdido un aficionado, y no uno cualquiera. Salva, amigo, taurófilo y taurómaco por excelencia, nos ha dejado. Fue, como afirma Rosa J. Cano, “un defensor de la integridad del toro bravo, aficionado a tiempo completo”. Tras cinco años de lucha su cuerpo ha dicho basta. No pudo superar la cornada que en forma de enfermedad le pegó la vida.
Me uno al dolor de María, su compañera, al de sus hijos y al de todos los aficionados de la Asociación El Toro de Madrid por tan sensible pérdida. El tendido “7″ de Las Ventas se queda huérfano. Quienes le conocimos y apreciamos desplegaremos el capote del recuerdo cada tarde cuando se abra la puerta de chiqueros y salga el toro que él tanto defendió. Descansa en paz, maestro.



Que descanse en paz.
Lamento mucho que nos haya dejado.
Era un gran aficionado y mejor persona.
Un abrazo.