Tienen entre 60 y 65 años -quizá alguno más- y la mayoría fueron “expulsadas” del mercado laboral cuando contrajeron matrimonio. La que tenía trabajo, lo abandonaba para dedicarse al cuidado del marido y de los hijos que fueran viniendo. Era lo que el buen orden social tenía establecido a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, cuando en el DNI de la mujer casada figuraba como profesión “sus labores”.
Hoy, esposas de jubilados, siguen dependiendo del sustento del marido, ahora en forma de pensión que, si enviudan (la tendencia es que haya mas viudas que viudos), se ve reducida a la mitad, aún después de que su cónyuge cotizara a la Seguridad Social durante más de 40 años. Negro presente y negro futuro, y no sólo por el posible luto que guarden.



En Argentina,
a) la Ley establecía que la Maestra debía ser soltera.
De ser casada, debía renunciar: quedar embarazada era incompatible con la docencia.
b) En el DNI actual sigue figurando en el renglón dedicado a oficio o profesión
“ama de casa”.
Y si el marido “disfruta” de una pensión no contributiva, ella no podrá solicitarla, con lo que tendrán que vivir los dos con menos de 500 €.