Pensando en la muerte del toro imaginé un pescador en la laboriosa tarea de acercar a una trucha a la orilla del río mientras ésta luchaba incansable por zafarse del anzuelo, en un intento de huir de la muerte; imaginé también como la trucha, tras romper el sedal, huyó con el anzuelo clavado en su boca para terminar muriendo aguas abajo. Vi a una liebre dar volteretas malherida antes de rendir su vida junto a unos matorrales con una perdigonada en el lomo. Contemplé, en el restaurante al que acudo de vez en cuando, a un grupo de comensales dando cuenta de unas almejas vivas que se retorcían al sentir el efecto del jugo de limón antes de ser devoradas. Y en ese recorrido cruento, imaginé también un matadero y el proceso industrial del sacrificio de animales… Y a los miles de visones, patos, ocas y demás fauna “fabricada” por y para satisfacer ciertos caprichos del hombre. Todo esto ocurrió mientras en El País de hoy leía a Rosa Montero en su Párate y mira.
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Una respuesta a “No sólo el toro”
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Estoy completamente de acuerdo contigo. Solo vemos las “crueldades” cuando nos apetece.