Vengan coronas de flores, se otorguen medallas a título póstumo, redactense telegramas de pésame, ordenen guardar un minuto de silencio… La España de luto y responso, que ignora en vida y reconoce tras la muerte, se mira en el espejo del absurdo. Nada ha cambiado en esta España costumbrista aferrada a tradiciones seculares a golpe de hisopo y olor a incienso. Sólo falta el tétrico catafalco del día de difuntos, el luto riguroso en las mujeres y el brazalete negro sobre la bocamanga del abrigo de los hombres para que el espectáculo sea completo. Lloran las plañideras y tañen las campanas anunciando el deceso mientras una joven periodista, haciendo de tripas corazón, le aproxima el micrófono a un familiar del difunto. El dolor vende.



Todita la razón tiene usté.
Por eso es tan necesario escribir a “contrapelo”. Hace años la prensa y otros medios no podían ni imaginar que gentes normales y corrientes, procedentes de todo tipo de estamentos, fueran a tener en sus manos la posibilidad (a través de Internet) de contar otras cosas que, en muchas ocasiones, si no fuera por esto, pasarían por inexistentes. La fuerza que esto crea a pesar de que nos quieran convencer de que no, de que “en realidad” solo se escucha a los cuatro de siempre, es importante. Al menos para que se conozca que lo que ellos no cuentan, también existe.
Me he desviado del tema del articulo, y pido excusas: claro que el dolor vende; sobre todo si hay periodistas (¿?) lacayos.
Escuetas y fantásticas líneas, Pablo con verdades irrefutables. Pero no olvides que las medallas etc es de los personajes públicos, la prensa es el poder fáctico de un pueblo y, este último el títere descabezado.
Te felicito por este micro trabajo.