Todo se difumina entre la niebla, que tiñe de gris la silueta de la gente y reduce a los automóviles a dos pequeños puntos de luz perdidos entre lo que uno sabe es asfalto. Niebla, gente, automóviles… en una gélida mañana de sábado incapaz de romper con el costumbrismo cotidiano. Tiritando de frío, apostada estaba la joven madre rumana a la puerta del supermercado, con el cuerpo encogido suplicando una limosna que agradece con una sonrisa al percibirla.
Vivimos en tiempos de niebla que dificulta la visión de la realidad y parece alojada en nuestra cornea que, afectada de este mal, se limita exclusivamente a observar lo cotidiano, a minimizarlo o exagerarlo en función del influjo mediático que nos convenga. Esta corriente individualista que nos ha insuflado el neoliberalismo, que nos hace olvidar el nosotros para ocuparnos exclusivamente del yo, se torna solidaria cuando es nuestro colectivo el afectado, llámese pueblo, comunidad o nación. Es en ese escenario donde sacamos a relucir todo nuestro carácter. Que se lo pregunten al señor Laporta, presidente del Barcelona club de fútbol además de nacionalista impenitente, que afirma sin recato que “están matando a Cataluña y hay que reaccionar”.
Pero siempre queda lo frívolo, el airear de tal guisa la vida personal de los demás, y más aún si se trata de la de un personaje famoso. Sirva de ejemplo el “caso” del multimillonario golfista Tiger Woods y sus excarceos sexuales. Estuve a punto de contárselo a la joven madre rumana, pero su mundo es otro: el de la miseria, y en él no caben las preocupaciones de los nuevos burgueses, a quienes ahora manipulan a ritmo de villancico, cava y turrón. Es Navidad, claro.
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6 Respuestas a “Niebla”
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Excelente “fotografía” de contrastes cotidianos que son ¡muy! significativos. Un abrazo.
La marginalidad de la rumana se ve aunque sea entre la niebla. Habrá quien pase a su lado y se compadezca, y habrá quien piense que esa es su “profesión”. Pero hay otras marginalidades que no están tan a la vista, hay muchos ancianos ocultos en sus pisos, con poca pensión, poca ayuda…. y mucha soledad. Ancianos que pulsan el botón de asistencia simplemente para oir una voz humana, que fingen estar enfermos para que acuda alguien. Ancianos que no votan y, por tanto, no existen.
Comparto las palabras de Felix.
Que pena que ocupe “Indhira”, de gran hermano, mas horas de TV que el dramatismo que vivimos en estos tiempos.
Senior lo de los ancianos es la pura realidad. Un ciudadano sin voto, al que no pueden someter no existe. Al igual que la Rumana…
Un placer leerte Pablo.
Un gran abrazo
Latina
- Félix, gracias por captar el mensaje.
- Senior, esas otras marginalidades de las que hablas sí están a la vista, lo que sucede es que hay quien mira para otro lado. ¿A quién le importa a estas alturas la Ley de Dependencia y su desarrollo?
- Saltillo, los medios sólo ponen la mirada en la audiencia.
- Latina, un placer volver a verte por aquí.
Gracias a todos.
La postal está perfectamente dibujada. Como esa rumana, he visto varias personas puestas a la puerta de cualquier supermercado, bajo cualquier túnel subterráneo… con su cartel y su cestillo. La típica niebla palentina de estas fechas… Y las típicas compras de estas fechas que han perdido gran parte del significado que las da sentido. ¡Qué sinsentido!, ¿verdad?