Comprar o alquilar, he aquí la cuestión

El economista Miguel Angel Paniagua, recogía hace unos días en su blog, Apuntes de Economía Palentina, las propuestas que figuran en un informe de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) planteando “poner patas arriba el mercado de la vivienda”. Alguna de esas propuestas apuesta claramente por el mercado de alquiler, la “supresión de todos los subsidios a la compra de vivienda” y, entre otras, “la necesidad de una eliminación o reducción drástica del impuesto sobre transmisiones patrimoniales”.

Paniagua, en su análisis, que continúa hoy con Los problemas de España: la vivienda-II, afirma rotundamente que “es el momento de dar un impulso al alquiler” y, yendo más allá, sostiene que “la construcción no debe ser el motor de desarrollo de un país, debe ser un mercado más, que aporte al PIB pero no la solución ni el futuro económico, y sí que aporte estabilidad económica”.

«Me gusta la creatividad basada en el análisis y me molesta el “establishment” que nos obliga a no tocar sistemas establecidos. Por eso me gustan estas medidas. Si el mercado está hundido por la quiebra de muchos promotores y constructores, y por la escasez de demanda, están soluciones revitalizarían el mercado».

“Me molesta  el “establishment” que nos obliga a no tocar sistemas establecidos”, dice Paniagua refiriéndose, pienso, a la situación actual del mercado de alquiler. A mi también me molesta, y creo que al legislador le ocurre otro tanto (de ahí la Ley de Fomento del Alquiler), pero hay que contar con lo enraizado que está en la población española el sentido de propiedad de la vivienda y con quienes se han servido de él para un enriquecimiento rápido y de cualquier manera. Además, y en esto Paniagua también es bastante explícito, no sólo el ciudadano, con ese su afán de poseer una vivienda en propiedad, es “culpable” de la situación en la que se encuentra el mercado inmobiliario. Habría que completar el cesto con la política seguida por las entidades financieras, ciertas prácticas empresariales de dudosa ética y el suelo, ese suelo sin ley ni orden que fue herramienta especulativa durante tanto tiempo.

Como corolario, cabría decir que en ese mercado inmobiliario no fue oro  -ético- todo lo que relució. La inversión especulativa en la compra de viviendas llevó a lo que llevó. Un estudio publicado en su día, afirmaba que en la capital palentina había más de seis mil viviendas vacías, la mayoría a la espera de una venta que supusiera jugosas ganancias a corto plazo.

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