Contra la melancolía otoñal

Mientras un político declara delante de los suyos que teme por él y por sus hijos a causa también, al parecer, de otros de los suyos, y el partido en el que milita ni tan siquiera abre una investigación; mientras una pareja de octogenarios ingleses han optado por el suicidio ante el deterioro de su salud; mientras el Tribunal de Estrasburgo “dictamina que los crucifijos en las aulas violan los derechos de los alumnos”; mientras Obama celebra el primer aniversario de su elección como presidente envuelto en luces y sombras; mientras los obreros de la planta de Opel en Figueruela vuelven a la zozobra y mientras el paro crece y crece entre olores a ambiente pre navideño, yo me refugio en el escritor Bruno Kampel y su A propósito del arte de escribir y publicar, todo un antídoto contra el melancólico otoño.

«Me inspiro. Talvez porque pasa de largo una nube con forma de elefante, o porque suena lejano el silbido del heladero de la plaza de mi infancia, o porque el viento mueve sensualmente el pelo de la mujer que camina frente a mí, o porque me seduce el olor a ayer que sale de una ventana de una esquina en la que espero el cambio de la luz para cruzar, u otra cosa por el estilo, o todas esas cosas juntas».

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