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jul 052007
 

LOS LEVANTAMIENTOS DE CASTILLA LA VIEJA DE JUNIO DE 1856

Virginia Seguí Collar, 05-07-07

A mediados de 1856, en lo que podríamos llamar las postrimerías de lo que se conoce como bienio liberal, tuvieron lugar los hechos que vamos a relatar, hechos que, sin duda, acentuaron la crisis en que el gobierno progresista, dirigido por el general Espartero, Duque de la Victoria, triunfante en la revolución de 1854, estaba ya inmerso. Los periódicos de la capital entre los que se encuentra: La Iberia, Las Novedades, El Occidente, El Parlamento, La Época, etc.; se encargaron de informar a la opinión pública de estos hechos y sus crónicas nos permiten reconstruirlos.

Los cronistas relatan que en Castilla la Vieja existía un descontento en el seno de las clases más desfavorecidas por lo que se denominaba la <cuestión de subsistencia>, que incluía la carestía del pan y de otros alimentos básicos y cuestiones de tasas o subida de impuestos. Aunque el 20 de junio de 1856, en Benavente, ya se habían producido algunas protestas por esta razón nada hacía presagiar a los habitantes de Valladolid que al comenzar la mañana del domingo 22 de junio de 1856 vivirían los trágicos acontecimientos que tuvieron lugar en la localidad.

El Ayuntamiento, conocedor del descontento existente, en un intento de calmar los ánimos, llevaba días ofreciendo pan a precios más bajos de los establecidos en el mercado. Pero esa mañana lo que se puso en venta no fue suficiente para cubrir la demanda y al no poder cubrir todos los pedidos, las panaderas aprovecharon para encarecer, sin previo aviso, su precio en dos o tres cuartos, lo que ocasionó la riña entre una de las vendedoras, Ramona Maese, y una de las clientas conocida como <La Madrileña>; la situación acabó en tumulto, iniciando la protesta alrededor de doscientas mujeres quienes para llevar sus quejas ante las autoridades locales se dirigieron a las Casas Consistoriales; el grupo a medida que avanzaba fue aumentando en número y la situación acabó en motín. La muchedumbre centraba sus protestas en la carestía del precio de los alimentos y en solicitud de anulación del fielato o aduana que existía en las Puertas existentes a la entrada de la ciudad, en el puente del río Pisuerga, con lo que acabarían con la tasa de las mercancías que en ellas se cobraba.

El Sr. Nieto, primer Alcalde, y el señor Saavedra, gobernador civil, no consiguieron calmar la situación ni calibrar el nivel de irritación que existía entre la muchedumbre; éste último se dirigió, al parecer acompañado únicamente por un ordenanza hacia la muchedumbre para controlar la situación; pero en lugar de lograrlo lo que consiguió fue que algunos de los más exaltados le apedreasen y atacasen acabando por tirarlo al Canal de Castilla después de herirlo con arma blanca; gracias a la intervención del Sr. Guerra, médico de la capital, y el Sr. Muñoz no perdió la vida a manos de la muchedumbre encontrando asilo en una casa de la calle de San Lorenzo.

Estos disturbios se propagaron a algunas poblaciones de la comarca existiendo graves disturbios en Palencia, Medina de Ríoseco, Burgos, Benavente y Salamanca. Los sucesos de las dos primeras poblaciones fueron, si cabe, aún más violentos que en Valladolid y la muchedumbre procedió a quemar fábricas y almacenes de harinas así como instalaciones y barcas del Canal de Castilla.

           En Palencia, la noche de San Juan, ardieron tres fábricas de harinas, entre ellas las de Once Paradas de D. Enrique Cabrera que era el orgullo de la ciudad, la de D. Enrique de la Cuétara y las de Viñalta; igual suerte sufrieron las existencias que había en ellas de harina, trigo y salvado; además de algunas barcas para el transporte de cereales propiedad del Canal de Castilla. Habiendo constancia de que la intervención de un hombre valiente y decidido al frente de algunos nacionales defendió las fábricas del Canal y tuvo la satisfacción de salvar grandes intereses. Y algunas fábricas de Ríoseco fueron también pasto de las llamas, aunque gracias a la intervención de la Milicia Nacional se habían logrado recobrar grandes sumas de dinero que habían sido robadas por los revoltosos.

        La noticia de todos estos acontecimientos comenzó a llegar telegráficamente al gobierno liberal del general Espartero. D. Patricio de la Escosura, Ministro de Gobernación, debe dar explicaciones en la Asamblea de estos acontecimientos y responder a algunas de las preguntas, que al respecto, hacen los diputados, precisamente en respuesta a la pregunta, que el 24 de junio, le hace el diputado por Valladolid el Sr. Seoane, el Ministro de la Gobernación reconoce que el Gobierno tiene poca información y la que tiene está basada en noticias telegráficas lo que determina que sea breve e incompleta; lo que si puede es afirmar que la situación está controlada y que una vez declarado el estado de guerra en las provincias afectadas se procede a la detención y puesta a disposición judicial de los causantes de los disturbios.

    La inquietud que existe entre los diputados está relacionada con algunas cuestiones como: ¿cómo ha actuado la fuerza pública durante los disturbios?, ¿quiénes son los responsables últimos de la revuelta? y el tipo de medidas que va a tomar el gobierno para indemnizar a los perjudicados.

        La primera de las cuestiones presenta discrepancias ya que el la Gaceta Oficial de una versión reproducida por La Ibería en su número del miércoles 25 de junio en la que relata los hechos; reseñando la correcta actuación del capitán general de la región que acudió prontamente en ayuda del gobernador civil y que al mando del ejército y la Milicia Nacional sofocó los motines y evitó males mayores. Frente a esta versión está la del corresponsal del propio periódico que días después relata los hechos con discrepancias graves, hablando del retraso en acudir del capital general, su tardanza en ordenar la intervención del ejército que ayudó a que la revuelta tomará un cariz cada vez más peligroso y se llevaran a cabo la quema de fábricas y el resto de desatinos que efectúo una muchedumbre a la que no se supo controlar a tiempo. Las discrepancias en este punto irritaban al gobierno debido también a que la oposición podía utilizar la cuestión para presentar a España ante el resto del mundo y sobre todo ante Europa como: “una nación sin gobierno, agitada por malas pasiones y conmovida por profundad perturbaciones y alarmada por la anarquía impotente del partido progresista para gobernar, para administrar, para reprimir las turbas y para dar garantías a los capitales que refluyen en alta escala para proteger nuestra industria y nuestra grandeza nacional. Esto aflige y devora a nuestros incansables enemigos, que quieren alejar por todos los medios el porvenir brillante que descubren en la continuación y en el afianzamiento de la revolución de julio. Son lógicos porque son pesimistas, son lógicos porque quieren a todo trance el poder, nada les importa los medios y la ruina de su patria. Su máxima es, o nosotros o el diluvio”.

        Respecto a la segunda de ellas hay una intención general, la hacer justicia y castigar a los culpables. Este tema es básico para el gobierno, que manifiesta su convencimiento de que los disturbios están preparados por fuerzas externas y ajenas a la muchedumbre que, finalmente, ejecutó la rebelión, pero entre los que, sin duda, no se encontraba el responsable último del levantamiento. Coincidiendo en este punto con la opinión La Asociación, periódico de la zona que hace la reflexión de que curiosamente los industriales atacados por los motines de Valladolid, Palencia y Rioseco han demostrado todos ellos un acendrado patriotismo y adhesión a la causa liberal y que esto, naturalmente, querrá decir algo.

Las fuentes citan dos o incluso tres posibles responsables de los levantamientos, por un lado la Iglesia con una mano ejecutora directa la de los hijos de Loyola; todo ello a pesar de sus diferencias con las jerarquías eclesiásticas e incluso su disolución obra del Papa Pío IX y teniendo en cuenta que sus doctrinas no siempre han sido aceptadas por la Iglesia, como las mas conformes con sus dogmas; dentro de esta apartado hay fuentes que mencionan también las fuerzas carlistas, más concretamente los religiosos adheridos a la causa, que bien pudieran intentar socavar los cimientos del Estado utilizando todos los medios a su alcance; en ambos casos existen antecedentes de este tipo de acciones y de excitaciones tenebrosas de un género tanto mas criminal, cuanto más en el misterio están hechas.

Las palabras del Ministro de la Guerra Sr. O’Donnell, en la Asamblea, proponen una versión distinta de los hechos: “Cuando el gobierno ha sido acusado de visionario, los hechos han venido a probar que no lo era. No son aislados esos atentados, no trato siquiera de aislar a sus autores pero es indudable que vienen ocurriendo esos sucesos casi desde la revolución de julio. Los ha habido en Barcelona ¿qué color han tenido? El Socialismo. ¿Qué color han tenido en Valencia y en Burgos? El mismo. ¿Qué color tomaron cuando los sucesos de Zaragoza? El mismo, el mismo el vandalismo. ¿Qué color tomaron en Valencia? Acudieron a Valencia inmensidad de forasteros con la manta y el trabuco, que seguramente no iban a predicar el Evangelio. ¿Qué color tienen los folletos que han circulado en Barcelona y Valencia? El Socialismo. Que son instrumentos de otros, no lo dudo, pero el carácter es ese. En Valladolid, las mujeres, los niños, los hombres que han saqueado y quedado ¿qué carácter tenían? El mismo”.


Se abre así el debate sobre la existencia de fuerzas socialistas y comunistas en las provincias afectadas, afirmación que provoca la contundente afirmación del Sr. Seoane diputado por Valladolid, en el sentido de que en su provincia no existen elementos socialistas ni comunistas. La cuestión está planteada y pudiera estar justificada la opinión del Sr. Ministro de la Guerra dado que las fuerzas de izquierdas, aun cuando no tienen un verdadero asentamiento hasta la revolución del 68, están comenzando a tomar auge en toda España, especialmente en zonas industriales como donde han tenido lugar los sucesos de los que estamos hablando.

La tercera es un tema en el que están todos de acuerdo ya que estamos ante una cuestión de unidad nacional y la Asamblea, en estos casos, no tiene partidos. Aunque cada uno de ellos tenga una visión distinta de cómo debe llevarse a cabo. Existe una propuesta para que sea el Tesoro quién abone, en principio, las indemnizaciones, derivando después a la provincia su abono que a su vez deberá resarcirse de los importes desembolsados a través de una subida de impuestos locales. El gobierno no esta de acuerdo con ello, hace retirar la propuesta ya que considera que dado el tipo de gobierno que existe en España es a la Asamblea, en su conjunto, a quién le corresponde proponer el método. Además no quieren sentar precedentes para que en el futuro, este tipo de acontecimientos pueda ser utilizado para obtener ganancias al existir precedentes de este tipo. La Asamblea aprobó una propuesta presentada por Calvo Asensio, Sagasta, Zorrilla, Collantes, Olózoga, Cantalapiedra y Seoane para que las Cortes declarasen que estaban dispuestas a prestar apoyo al gobierno para que los criminales que han sembrado la desolación en Castilla fueran debidamente castigados por la Ley, que fue votada y aprobada por los 185 diputados que estaban presentes.

        Respecto a la situación de los detenidos por los motines, hay que decir que son numerosos y que en muchos casos son castigados con la pena de muerte, siendo fusilados. La Iberia de 18 de julio 1856 indica que la correspondencia que tienen desde Valladolid demuestra que: “a pesar de las últimas ejecuciones se sigue con incansable actividad la causa monstruo en que figuran más de sesenta personas, sin que de ellas se cuenten de Valladolid arriba de diez. Asegurase que algunas más sufrirán aquellas penas. Y que 16 iban a ser fusilados en Ríoseco once hombres y en Palencia lo han hecho hasta el día con 16, número en el que hay varias mujeres.”

Virginia Seguí Collar, madrileña, es licenciada en Historia del Arte y trabaja e investiga en temas de género y sobre las actividades de las mujeres a lo largo de la Historia. Ha publicado comunicaciones en las actas de los diferentes Congresos y Conferencias en los que ha participado, y publicado en 2002 la biografía de Gloria Melgar (1859-1938). Actualmente colabora en la revista Alenarte (http://alenarte.wordpress.com/ y mantiene dos blog: Mujer, Arte y Literatura: http://seguicollar.wordpress.com/ y su Cuaderno de Bitácora: http://seguicollar.spaces.live.com/

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  •  5 julio, 2007
  •  Publicado por tmm en 8:11 PM
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