“Ojalá me equivoque, pero ya se sabe de la sensibilidad de las multinacionales a la hora de analizar la cuenta de resultados”
Miércoles, trece de junio, San Antonio, fiesta en Guardo. No puedo evitar traer a la memoria el recuerdo de aquel Guardo de mis años de adolescencia, cuando el equipo de mi pueblo, Saldaña, disputaba junto al de la villa guardense el campeonato de fútbol de la Zona Norte. Por aquel entonces surgían al sol los mineros en las cuencas de Orbó y Santullán, que dice el himno de Palencia; pastaban en multitud las vacas por las verdes praderas de la montaña palentina y la fama de la carne de Cervera comenzaba a rebasar los límites provinciales. Nadie podía imaginar, aunque algún que otro nubarrón se atisbaba en el horizonte, que la cuenca minera palentina se vería abocada al ocaso pocos años después. Había precedentes que venían demostrando lo efímero del carbón como combustible básico tanto en la industria como en los hogares españoles. La fábula del pastor y el lobo no era escuchada en aquellos tiempos en los que el negro color del carbón era sinónimo de pujanza y no preludio de decadencia.
Es posible que las gentes de Guardo no entiendan de globalización ni de deslocalizaciones; incluso es posible también que el viejo minero, con el cigarrillo colgando de la comisura del labio, apure el chato de vino a la puerta de la cantina con la mirada perdida en la montaña, oteando ese horizonte que mezcla pasado con presente en una comarca venida a menos por mor, dicen, de la modernidad. Cabe dentro de lo probable que los niños que corretean por sus calles y plazas jueguen indiferentes ante el panorama que se presenta delante de los ojos de sus progenitores y de todos aquellos que conocieron un Guardo esplendoroso. Quizá perciban el hedor a purines llegado desde la cercana Castileón, olor que se confunde con el de la zozobra ante la situación por la que atraviesa esta empresa montada a bombo y platillo con ayudas oficiales y que hoy, pocos años después, precisa del aval de la Junta de Castilla y León para poder pagar la nómina a sus empleados. Y como las desgracias nunca vienen solas, la otrora Ercros, antes Explosivos Río Tinto, Celanese ahora, amenaza con el cierre de sus instalaciones y con ello el despido de casi cincuenta trabajadores, muchos de los cuales han pasado toda su vida profesional entre las paredes de la fábrica. Una amiga guardense me ha dado una pegatina en la que reza: “Celanese, Guardo no se cierra”. Rotunda afirmación que no sé yo si responderá más a un deseo vehemente que a un intento de frenar lo que parece una situación irreversible por mucho empeño que pongan los sindicatos y el pueblo de Guardo en evitarlo. Ojalá me equivoque, pero ya se sabe de la sensibilidad de las multinacionales a la hora de analizar la cuenta de resultados.
Las listas del INEM parecen prestas para verse incrementadas. Me resisto a creer que sea éste el sino de la provincia palentina, de su norte, ese norte que se ha ido desindustrializando a caballo de los nuevos tiempos, de promesas incumplidas y de renuncias clamorosas del capital privado, que no ve o no quiere ver el potencial de una zona que necesita algo más que el verdor de sus campos y la belleza de sus montañas para subsistir. Corren malos tiempos para la lírica, acostumbra a decir el poeta. Lejos quedan los “romances de grisú” que compusiera Jesús Castañón, “de estirpe de mineros de Asturias, misionero de las letras en Palencia con oficio de Catedrático”, como le definió Lázaro Carreter. Y bien podrían servir aquí sus versos: “Las montañas: vacías las entrañas. / Y los ríos: cachas de ébano frío. / Los mineros: alegría por fuera, / penas por dentro” Pena da contemplar de norte a sur la zozobra hoy viernes cuando esto escribo, un viernes 15 de junio aniversario de aquel otro 15 de junio en el que se celebraron las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador. Diario Palentino, 18-06-07
Este texto ha sido leído 11 veces!
2 Respuestas a “Zozobra en Guardo”
Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.




Hoy te he leído y perdóneme Sr. Saldaña, no con ojos de ciudadana pues este artículo y su temática lo valían, pero me ha pasado lo que me pasa con articulistas que me gustan muchísimo: he disfrutado simple y llanamente de su letra bien trazada y, aunque el contenido era primordial, he preferido balancearme en su sutil pluma amenizada finalmente con un romance.
Buen día, hermano!, y como diría un periodista conocido “Al fin es lunes”
El problema de buscar a multinacionales que vengan a instalarse en nuestra tierra es que vienen a ganar dinero exclusivamente.
El beneficio es que funcionan como espoleta de inicio.
Ademas de aportar puestos de trabajo.
Pero la capacidad de decision es de la multinacional y en eso cada dia perdemos mas.
El desarrollo de los pueblos de nuestra tierra pasa por analisis más rigurosos y que la urgencia de soluciones no oculte el fondo que es el desarrollo sostenible.
Solamente un detalle: 10.000 funcionarios en la provincia.
40.000 jubilados(mas de 65 años) y 20.000 jovenes( menores de 16 años).