En la TV estaban hablando del Caso Gürtel, del enfado de la Conferencia Episcopal por el intento de reprobar al Papa en el Parlamento por su crítica al condón, del rifirrafe entre los empresarios y el Gobierno, de la violación de la intimidad que algunos famosos hacen de sus hijos, del obrero rumano muerto, que lleva “aparcado” más de veinte días en la cámara frigorífica de un Tanatorio porque su familia en Rumanía no tiene los siete mil euros que cuesta repatriar el cadáver… Un cliente del bar, que permanecía atento a todo cuanto en la pequeña pantalla decían mientras, sorbo a sorbo, iba consumiendo la cerveza que había pedido, apuró ésta y se fue murmurando. Al llegar a la puerta se detuvo, volvió la cabeza y exclamó: ¡Me voy a casa a ver por enésima vez La escopeta nacional !



Al ¿liberal? del primer comentario se le ve el plumero ¡liberal!…
A lo mejor veía la secuela protagonizada por Bermejo y Garzón… ¡qué país! ¡¡¡Penoso!!!
Ahí sois más “fihsnos”. Aquí hubiera dicho: ¡Que os vayan dando a todos….!
Pablo, el tipo del bar: ¡genial!
Su “hasta luego” es uno de los mejores resúmenes que he leído o escuchado de las herencias envenenadas de un pasado nihilista que es presente.