Se cerró el paréntesis abierto a la crisis. Tras cuarenta y ocho horas de estancia en nuestro país, Carla Bruni, esposa del presidente de la República Francesa, nos ha dejado sumidos en la más profunda soledad. Su imagen, sola o en compañía de otros, ya no ilustra las portadas de nuestros rotativos ni llena las pantallas de los televisores. De frente, de costado o de espalda, su esbelta figura ha entrado en nuestros hogares sin llamar, y como un torrente de frescura en nuestro sentir. Tendremos que refugiarnos en su voz y en sus canciones para soportar tan irreparable ausencia, a la espera de que aparezcan publicadas, que aparecerán, esas fotos privadas que al parecer tenía en un ordenador que le han robado.
La señora Sarkozy habrá podido comprobar tras su visita que aquel celebérrimo eslogan, «España es diferente», es una realidad, más allá de los mil y un estereotipos que de nuestro país puedan hacerse. Ya lo dijo el escritor sueco Bruno Kampel al final de su Trilogía sentimental: «Cuando entendamos que somos lo que somos y no lo que pensamos que somos, entonces, como en un cuento de hadas, viviremos felices para siempre» Y colorín colorado, su visita se ha acabado. Huérfanos quedamos sin ti, Carla.
2 Respuestas a “Se fue Carla”
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Uf, menos mal. Vaya visita de un Presidente francés, parecía más bien un pase de modelos de Cibeles.
Ha sido un cumbre profundamente “política”…