No le falta razón, a mi modo de ver, a la escritora catalana en su artículo Salvar al macho, publicado en El País de hoy. Leyéndolo, han venido a mi memoria recuerdos de la etapa de mi servicio militar, cuando por aquel entonces los homosexuales eran apartados del resto de la aguerrida tribu de fornidos soldados, a la que se le daba por descontado el aire marcial, la masculinidad… y se le suponía el valor. Eran otros tiempos aquellos. Lo extraño e incomprensible es que hoy ocurran cosas como las que cuenta Maruja Torres en su artículo.
«El jurado popular que ha absuelto al hombre que asesinó, mediante 57 puñaladas, a una pareja homosexual -aduciendo que lo hizo movido por el pánico a ser violado-, no sólo ha demostrado ser rabiosamente homófobo. Su sentencia acredita también que esos hombres y mujeres sin piedad (para las víctimas) están poseídos por el terror a la pérdida de los roles tradicionales»













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