Resulta curioso, cuando no contradictorio, que quienes nunca quisieron saber
nada del verbo dimitir salgan ahora sacando pecho para darle contenido. Le sucede a Mariano Rajoy y a Federico Trillo, ambos con mucho que callar y motivos suficientes a sus espaldas para haber presentado la dimisión cuando ejercieron cargos de responsabilidad en los Gobiernos de Aznar; el primero, como vicepresidente y ministro; Trillo, como responsable de Defensa. Pero es más fácil utilizar la demagogia y pedir a los demás que hagan lo que ellos no fueron capaces de hacer: dimitir. Por otra parte, la dimisión, el cese o la destitución de Bermejo se hacía necesaria. Es obligado en cualquier democracia que se precie, aunque lo que ocurre, en el caso de la española, es que cuando gobierna la derecha suele ser una práctica en desuso. A las pruebas me remito, o, ¿es necesario recordar “los hilitos de plastilina” o el caso del Yakolev-42?
feb 232009













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