Es la noticia con la que me encuentro nada más llegar a casa en esta mañana de enero que ni sí ni no, ni fría ni caliente. Tibia, como el ánimo y como tantas otras cosas, lo que es el peor síntoma ante la crisis.
Recurro, una vez más, al refranero castellano para definir lo que le sucede históricamente a esta provincia castellana: Si a la ya de por si triste despoblación de sus pueblos y al permanente éxodo juvenil, le unimos el problema por el que atraviesa la principal industria ubicada en Palencia, y como consecuencia el efecto que causa en las empresas auxiliares que giran en torno a ella, estarán conmigo en que “a perro flaco, todo son pulgas”. Un día fue el sector de la lana; otro, el harinero; más tarde, el azucarero; hoy, el automovilístico, ¿mañana?… Dentro de poco, si alguien no lo remedia, y no hay visos de que vaya a ser así, nos quedará el románico y poco más, excaso bagaje para afrontar con garantías de supervivencia el siglo XXI.
Una respuesta a “A perro flaco…”
Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.













Es normal verlo todo negro oscuro. Aún es pronto para arriesgarse a vaticinar que Palencia quedará como una simple cuna turísitica del románico… La crisis no ha tocado fondo pero es importante ver cómo quedamos y si sabemos sortearla. Quizás luego salgamos más fuertes… no sé, ahora mismo, además de tristeza e impotencia, siento una incertidumbre que es peor que el resto de sentimientos.
Mientras haya vida, quiero pensar que la esperanza existe.
Un saludo.