Leer la prensa, escuchar la radio, ver la televisión… En resumen: nutrirse en fuentes de información distintas para contrastar opiniones; incluso para hacer opinión, pues no cabe duda que los medios de comunicación influyen en nuestra forma de ver la realidad cotidiana. Pensé en ello hoy, cuando se cumple el segundo aniversario de la muerte del maestro de periodistas, el polaco Ryszard Kapuscinski; y lo hice tras darme una vuelta por las ediciones digitales de los principales medios de comunicación españoles. De regreso, rescaté de una estantería de mi biblioteca Los cínicos no sirven para este oficio, el libro-entrevista en el que Kapuscinski, refiriéndose al ejercicio del periodismo, dice:
«En nuestra profesión, en todas las formas en que se manifiesta (prensa, televisión…), la tendencia es abreviar cada vez más los relatos. Si sólo tienes una o dos hojas para escribir, todos los matices se pierden. Tienes que condensarlo todo en una pulsación, en una frase. No queda sitio para la riqueza de los detalles, a menos que seas un escritor. Si eres un periodista-escritor, entonces puedes mostrar toda la riqueza de las opiniones, de las experiencias. Pero si hablamos de la vida cotidiana, a menudo el periodista tiene que hacer una selección dramática, ceñirse a una lacerante reducción que permita comprimir la realidad ?que siempre es rica y pluridimensional? en una descripción breve y muy simplificada»
¿Será éste el motivo por el cual uno sólo lee y oye palabras tales como debacle, hundimiento, catástrofe, cataclismo, desolación, pesimismo, pánico, incertidumbre…?
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