Palencia

Me despierto con este correo de la escritora Alena Collar, seudónimo tras el que está mi entrañable amiga María Antonia Seguí Collar. Dejo aquí sus palabras, que reflejan a la perfección el sentir de todos los amigos que en el día de ayer contactaron conmigo para interesarse por la suerte de las víctimas del trágico accidente que ha sobrecogido a esta tierra.

“Amigo mío:

Según transcurría el día las noticias que llegaban de Palencia eran más sobrecogedoras, más luctuosas, más alarmantes y más tristes. Según pasaban las horas, mi ánimo se encogía algo más, cada vez que daban un cifra de desaparecidos, de heridos, de muertos…

Es verdad que mi alivio personal por tí estaba el primero en mi corazón; espero que se me perdone esta subjetividad de Amiga. Pero no podia olvidar las familias, el luto, la amanecida triste y sobresaltada…

Ya ves, he ido conociendo Palencia a través tuyo, de tu blog, de tus comentarios, y se me ha adueñado el corazón de esa luna bajo la que paseas a tu perrita, de esos campos necesitados de cuidado y cariño y atención para el progreso, de esa ciudad que, bajo la apariencia de calma y duermevela guarda tanta cultura, tanta gente generosa deseante de nuevas sendas…

No. No es justo para los palentinos el duelo y el luto. Pero la tierra de Castilla siempre ha sabido mirar de frente, siempre ha tenido el coraje de sus antiguos hidalgos, de sus caballeros, de sus capitanes de los sueños imposibles. Y se levantará del dolor, y otra vez, yo así lo espero, del “olmo viejo hendido por el rayo” (vuestro hermano de Soria) renacerá la primavera. Un abrazo para tí y para Palencia.

Alena.”

Gracias, amiga, muchas gracias.

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