Luisa Castro, en El País, Lo que se de Casavella
¿Pero te acuerdas de cuando tronaba y se iba la luz? Elvira encendía la lámpara de tungsteno. A oscuras aquel lugar todavía era más bello, los cuerpos que se intuían, los besos que no se daban. Y la partida a medias, metiendo goles en el futbolín a ciegas.
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