Miro a través de la ventana y veo… un barrio de inmigrantes pululando cual hormigas perdidas lejos de su hormiguero. Es Navidad y los tópicos se suceden entre copas de cava en esta Palencia conservadora, católica en apariencia, costumbrista como pocas destilando hipocresía en el amplio abanico de la también hipócrita España. No sé si rescatar a M
achado o a León Felipe de entre el olor a lechazo asado y a turrones y mazapán. “No lo hagas”, me dicen, “es Navidad”. Y yo, hipócrita también, no lo hago, no sea que vaya a romper el espíritu navideño y me tilden de raro por recurrir al poeta andaluz o al zamorano en estas fechas de “amor y paz”.
Me tienen que disculpar. Vengo de leer la entrevista que en El País Semanal del pasado domingo Juan Cruz le hacía a Juan Marsé, entrevista que me ha retornado a mis años mozos y avivado el rescoldo del contestatario que un día fui. La conversación entre los dos juanes me ha cautivado y predispuesto para escribir lo que estoy escribiendo, crítico y reivindicativo, o transgresor, o falso, o verídico o… Juzguen ustedes.
Apurada la copa de cava frente al ventanal desde el que oteo ese otro mundo, el de los inmigrantes citados, renuncio a la parafernalia navideña, a sus fastos y a sus pompas, quedándome con estas palabras de Marsé en la citada entrevista: “Todavía parece como si fuéramos aprendices en el terreno democrático” Tiene razón el escritor catalán. No hay más que echar un vistazo a la prensa para ver lo que está ocurriendo con la Justicia. También la tiene el padre de Mari Luz, la niña asesinada por manos…, al calificar alguna de las resoluciones judiciales de “vergüenza nacional” Esta España sigue oliendo a incienso y a franquismo, por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario.


