Las "verdades" de Enrique Martín

De todos es conocido el carácter temperamental del presidente de nuestra Diputación, sus aires de hombre rudo, su peculiar estilo de gobernar e incluso, si me lo permiten, de hacer  política. Despertador de odios y afectos profundos, hay que reconocerle que su paso por la vida pública no pasa inadvertido, en muchas ocasiones más por lo que dice que por lo que hace. Sus declaraciones de ayer, recogidas en toda la blogosfera palentina y en los medios de comunicación hablados y escritos, a nadie han dejado indiferente. ¿Le asiste la razón a Enrique Martín en sus afirmaciones? ¿Es conveniente airear públicamente las diferencias existentes en el seno de las formaciones políticas? ¿La ropa sucia hay que lavarla en casa? Cada uno tendrá su opinión, pero en ocasiones es conveniente -esta lo es- acercar a los ciudadanos el día a día de lo que se cuece en la cocina de los partidos, más aún en una provincia como esta, amante del silencio y devota de la opacidad.

Es cierto que existen cauces internos donde solventar las diferencias, donde el debate ideológico se hace necesario… Es en ese cauce por donde deben discurrir pero… si las esclusas que lo regulan  son controladas por el aparato del partido -como parece ser el caso-, no está de más airear las diferencias y las distintas opiniones para que  se venteen, para que se enriquezcan y, fundamentalmente, para que los militantes de a pie conozcan de qué va la historia de la que nunca, o casi nunca, se enteran. Sí, Martín, más allá de que le asista o no la razón, ha sido valiente y fiel a su estilo ha irrumpido en la vida política provincial como un elefante en una cacharrería.  ¿Qué efectos tendrá en el PP y en la sociedad palentina?  El tiempo lo dirá. Y nunca resultará más oportuno recordar aquello de cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

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