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oct 132008
 

Me van a permitir, una semana más, que les recomiende un libro para mi imprescindible. Se trata de Memoria del mal, tentación del bien, una indagación sobre el siglo XX del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008, el búlgaro Tzvetan Todorov. Guardo como oro en paño un ejemplar de la primera edición en castellano, traducida por Manuel Serrat Crespo para Ediciones Península. En él, Todorov escribe: “El siglo XVIII fue designado por los historiadores como el siglo de las Luces, ¿acabaremos algún día llamando al nuestro [el XX] el siglo de las Tinieblas” Podríamos decir que hoy, en los albores del XXI, se puede responder afirmativamente al interrogante que plantea el crítico literario, historiador y filósofo búlgaro, ya que, entre otros acontecimientos que empañan el también exitoso discurrir del pasado siglo, de la mano de aquel resplandor irradiado entonces por el ultraliberalismo han venido estas tinieblas financieras que tienen al personal sumido en la oscuridad. Dado los tiempos que corren, quizá convendría explicar con profusión el keynesianismo a los alumnos de secundaria, vivero de futuros ejecutivos.

Hablando de tinieblas financieras. Tras la victoria socialista de 1982, la derecha española temió la inminente nacionalización de la Banca. Pronto Felipe González llevó tranquilidad a las huestes conservadoras asegurando que, de nacionalización, nada. Hoy, esa grey clama por ella. Ahí tenemos el caso inglés y el estadounidense. ¡Quién iba a pensar que la cuna del liberalismo emularía a los denostados Hugo Chávez y Evo Morales, perversos nacionalizadores! Las muy liberales Inglaterra y EE UU nacionalizando Bancos, y la comunista China acudiendo en auxilio del todopoderoso Occidente. Ver para creer. El mundo al revés, la ideología por los suelos, los principios traicionados y los gurús de las finanzas atrapados en su propia tela de araña, de la que saldrán indemnes. Todo por y para el dinero en el mundo globalizado, capitaneado por uno de los políticos más nefastos de la historia: George W. Bush. Por lo que se ve también cuecen habas en la olla del capitalismo salvaje, al que la socialdemocracia pretende contrarrestar ya no con las teorías de Keynes, sino con la filosofía del liberalsocialiasmo: “La conjugación entre la máxima libertad individual y la máxima justicia social”. Hoy, esa conjugación se nos antoja imposible. Han conseguido la libertad quienes tienen dinero, pues ¿qué es hoy la libertad sin dinero? Que se lo pregunten al parado; al que se aferra al puesto de trabajo sin levantar la voz por temor al despido; al que a duras penas llega a fin de mes, esclavizado por la hipoteca y por ese préstamo al que le llevó el afán consumista que le inculcaron; o a aquel otro que se atrevió a montar un pequeño negocio, engullido al poco tiempo por la multinacional de turno. Y qué respondería la familia donde la emancipación de los hijos espera la llegada de tiempos mejores, tiempos que se perciben lejanos. Mientras una parte del mundo camina tranquila por la senda de la opulencia, hay exceso de tráfico en la del hambre. La gazuza del rico es de riqueza; la del pobre surge de las tripas.

Hace unos días vi cómo una de esas personas que camina por la senda de la hambruna pedía limosna en nuestra la Calle Mayor. Sujetaba con ambas manos un cartón en el que podía leerse un contundente “Tenemos hambre”, tan expresivo en la primera persona del plural del presente del verbo tener. En el periódico que le servía de recaudador, pude leer: “El pánico hunde las Bolsas”. Al tiempo, el Banco de España informaba de que en nuestro país existen 108 millones de billetes de 500 euros en manos del público (¿?), fuera del control de Bancos y Cajas. La nada despreciable cifra de 54.000 millones de euros. Arbítrense rápidamente medidas para que afloren. Promúlguense leyes de amnistía fiscal para que el orden financiero-económico se restablezca mientras sobre la cabeza de los pobres cae de nuevo la noche. www.pablosaldania.es

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