Al rebufo de las ilusiones rotas llega septiembre, vestido de cárdeno en esta tierra que a fuer de bendecida hace tiempo que dejó de ser bendita. Ungida por el costumbrismo y la resignación, camina con paso dubitativo por la senda del olvido, abrazada -u obligada a abrazarse- al estandarte decimonónico del conservadurismo, donde los obispos siguen ocupando portadas y grandes titulares en los medios de comunicación ante la mirada complacida de su grey.
Llueve, y lo hace con elegancia, con finura, como si los dioses no quisieran perturbar la paz de los secos campos y de los pueblos semivacíos. La capital, en el ecuador de su semana grande, recobra el pulso tras el paréntesis veraniego. Huele a fiesta y a tierra mojada, a trasnoche y a caricias adolescentes bajo la última luna de agosto, resguardada esta mañana tras “las nubes, opacas hoy escondiendo un latir de lluvias aglomerado en el instante” , como reza un poema de Vilma Reyes.
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3 Respuestas a “Septiembre en gris”
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Mientras, por estos sures, sigue siendo verano, sigue haciendo calor y todo está lleno de polvo sin una lluvia piadosa que lo limpie. La dulce estación de las hojas amarillas está aun lejana.
Hoy, aquí, en Galicia, también llueve, pero con fuerza inusitada. Esta mañana un trueno ha resonado sobre A Coruña y el estampido, ronco y amenzador, se ha prolongado medio minuto, lo que es inusual en esta esquina del mapa donde la lluvia acostumbraba a ser plácida, diría que pacífica.
Quizá para diferenciarse, aquí, en Galicia, la curia ocupa menos espacio en los informativos que en tierras de Castilla, pero su poder es portentoso, ¡hasta cobran del erario autonómico para que en todos los hospitales públicos haya un consejero espiritual a disposición de los enfermos!, ensotanado, naturalmente.
Faltan médicos y ATS, pero tenemos curas junto al lecho de los pacientes… Todo un lujo “moral”.
Y arrecia la lluvia, tanto como la esperanza en que un día dejaremos de ser “pobres”, cuando fallezcamos y viajemos al prometido paraíso, ¡que para eso debemos sufrir aquí, en Galicia y en tierras de Castilla!
Un abrazo.
Y en Madrid de repente la lluvia cae con estrépito calle abajo. Por su violencia parece estar huyendo mas que cayendo.