He dado una vuelta por Los Cuatro Cantones, ese blog que lleva el mismo nombre que el cruce de caminos del centro de la capital palentina, y he descubierto que somos cal, arena y agua. Al menos eso es lo que afirma Bea Gómez González, autora de un precioso relato que me ha trasportado del irreal mundo de lo real al territorio real de la ficción, en un santiamén vespertino que ha vencido a mi pereza veraniega.
«Allí, frente al ordenador, tecleando letras incapaces de formar una sola palabra que existiese; escribiendo frases sin sentido y de una torpeza tal que avergonzarían a cualquier escritor de cuarta, tuve que aceptar el hecho, allí tirada, medio impasible, de que también yo soy argamasa».
Somos argamasa -así se titula el relato-, cala. Y lo hace como el chirimiri norteño que llora la bruma en una mañana otoñal.
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