Hace unos días, en el diario Público, Eduardo Galeano escribía sobre su particular visión de las grandes invenciones de la humanidad. Cosas tan simples como la puerta giratoria, el semáforo, el paraguas o el ascensor, cobran una dimensión especial bajo la mirada crítica del escritor uruguayo.
«Según dicen, el primer ascensor fue un sillón con roldanas, que el gordísimo rey inglés Enrique VIII inventó, hace siglos, para evitar las escaleras del palacio».
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