Mientras el hielo se disolvía en el güisqui, del que yo disfrutaba cada sorbo, la noche iba cayendo sobre la terraza del apartamento diluyendo la tarde con un Improntus de Schubert acompañando al crepúsculo. Quietud, sosiego, relajación y… más Schubert.
Era noche noche cuando en un ventanal del edificio de enfrente se hizo la luz. Tras las cortinas, una silueta de mujer semi vestida o semi desnuda, según se mire, aparecía y desaparecía. Schubert me delató, eso pienso, pues la penumbra se adueñó del ventanal y la silueta de mujer se evaporó. Silencié a Schubert y de nuevo se hizo la luz en el ventanal de enfrente. Ya no hubo “según se mire”. La mujer, vestida con una túnica que arrastraba, irrumpió en su terraza y se adueñó de la noche.
PD. La túnica era transparente.













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