Cóctel

Al final de un amplio salón gustosamente decorado, sobre un pequeño estrado una mujer tocaba el piano ante la indiferencia de la gente que poco a poco iba llenando aquel lugar al que habíamos sido convocados por la dirección del hotel  a un cóctel de bienvenida. Esta celebración, a la que uno duda si acudir o no, que suele ser habitual en lugares de veraneo,  adquiere especial significado cuando uno comienza a “disfrutar” las vacaciones, superados los rigores del viaje y acicalado como Dios manda -y   el hotel exige, aunque casi nadie hace caso- para tan social acontecimiento.

Sonaba Moon river en el piano cuando un tropel de camareros apareció por las puertas laterales del salón portando bandejas repletas de copas de licor y canapés variados. Tomé una gamba a la gabardina y una copa de cava entre un batiburrillo de agradecimientos en distintos idiomas. Aquella reunión parecía un arco iris multiracial, con predominio del color blanco y el idioma alemán.

Conforme los canapés y los licores iban surtiendo efecto, aquello se  fue convirtiendo en una especie de torre de Babel repleta de gente que no se había visto  nunca y que a mandíbula batiente daba buena cuenta de las viandas. A Moon river le siguieron otras melodías famosas, que fueron poniendo color musical a la tarde hasta que en uno de los intermedios el director del hotel tomó la palabra. En la torre de Babel se hizo el silencio, roto sólo por el estruendo provocado por un camarero al descorchar una botella de cava ante la mirada reprobatoria del que parecía ser su jefe.  Tras el mensaje de bienvenida, coreado por aquella especie de representantes de la ONU a punto de acabar con la bodega del hotel, el director se despidió y comenzó el baile.

Para entonces, yo me había buscado un rincón a modo de observatorio, donde disfrutaba de la segunda copa de cava mientras observaba a la pianista deslizando mecánicamente sus dedos por las teclas ajena a la fiesta.

2 comentarios en Cóctel

  • Amigo están sus relatos estupendos…. Se ve que le ha sentado bien el verano. Y el buscarse observatorio para examinar el comportamiento social es una idea estupenda.
    Espero el siguiente relato.
    Un beso.

  • Esas cosas me irritan pues siempre me pongo en la piel del que toca el piano sin que nadie le preste atención. Tal vez estudió su carrera de música con la ilusión de llegar a lo más alto, de verse en el mejor escenario y con el público más entendido, pero está allí aporreando las teclas para una Babel achispada que lo único que pretende es acabar con las croquetas antes de que se las lleve otro. ¿Por qué no ponen música grabada en esos casos?