Hay ocasiones en las que resulta difícil controlar las emociones, sujetar los impulsos que salen del alma, evitar los recuerdos que acuden a la mente como si de una cuadriga de vivencias desbocada se tratase. Esa percepción tuve al contemplar a más de una cincuentena de octogenarios -a quienes los socialistas palentinos rindieron homenaje por su larga trayectoria en el partido del puño y la rosa- estrujando su memoria en estos tiempos de desmemoria. El resultado… un recital de voces entrecortadas aproximando tiempos de penuria, de ausencia de libertad, de zozobra y también de esperanza, esa esperanza que vieron fructificar tras largos años de lucha y marginación.
¿Por qué llora?, le pregunté a una de las homenajeadas, que apenas podía caminar apoyada en un bastón. “Lloro porque ha merecido la pena, porque he podido sacar de mi alma todo el sufrimiento, todo el sabor amargo de la represión y la intolerancia”, me respondió. Y las dos lágrimas que resbalaban por sus mejillas me recordaron las que un día vi verter a mi madre mientras me contaba cómo enarboló la tricolor siendo niña, poco antes de que un golpe militar acabara con una ilusión llamada República.



La historia debería ser para eso: para emocionarnos, para disfrutarla y para aprender de los pasos adelante de generaciones no tan pasadas que nunca lo tuvieron fácil, que deberían ser ejemplo para las generaciones de más jóvenes. Me parece de traca que en nuestros días determinadas cuestiones históricas sean debate de Estado. Saludos.
Me descubro ante sus vidas y su lucha y venero su memoria.
Grcias por trarlo a tu página.
Un beso.