Le daba el último sorbo al zumo de naranja con la mirada perdida en el Mediterráneo mientras pensaba en la noticia que acababa de leer: Condenado un juez por su “brutal crueldad” contra una funcionaria. Y, de repente, el zumo se agrió en mi estómago y el Mediterráneo se encabritó, o así me lo pareció. Hay noticias capaces de revolverle a uno las tripas, de borrarle la sonrisa, de hurtarle la belleza del mar en el último día de sus minivacaciones… Dicen que la justicia es ciega pero, tras conocer el final del caso del juez Rafael Ceres, tengo mis dudas.
A pesar de las innumerables vejaciones y amenazas, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer 1 que instruyó el caso y la fiscalía sevillana consideraron inicialmente que el maltrato sólo constituía una falta.
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