El fallo del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña se ha puesto delante del sol de la otra realidad, la de la crisis y sus consecuencias, y ha ensombrecido el resto de la información en los medios de comunicación. Poco importan los escándalos finacieros, la corrupción -política y económica-, y los apaños entre mercaderes de la clase trabajadora, relegados ahora al pie de alguna página impar. La jugada les ha resultado perfecta a los mandamases del nuevo orden socioeconómico, oportuna, en el momento justo para eclipsar otras noticias, el otro discurrir cotidiano que se está llevando por delante ilusiones, realidades y futuros, esos futuros que el ciudadano de a pie percibe tan lejanos como imposibles.
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