Balas perdidas

Releía yo, en esta tarde veraniega, a Eduardo Galeano, acompañado del jolgorio de los jilgueros que anidan en los árboles de mi calle  ajenos al ruido de los coches y al ir y venir de los transeúntes. Después de llegar al final de la lectura de Los modelos del éxito, no he podido resistirme a dejarles este fragmento:

«Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia».

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