“Aquí, casi todos los futuros que son apoyados en su inicio con dinero público, y sostenidos en ocasiones durante su efímera vida, se caen en la mitad”
Nos aburren con cifras, nos abruman con cifras, intentan sorprendernos con cifras, atraernos con cifras, asustarnos con cifras… Ocurre también aquí. Estos días a las cifras le han puesto el calificativo de remanente, aunque muchos ciudadanos no entiendan muy bien qué significa esta palabra. Remanente, qué diablos significará remanente, que diría Juan José Millás. La Real Academia de la Lengua lo define como “aquello que queda de algo”; o sea, como Palencia. Sí, creo que somos un remanente de nuestra historia, de lo que pudimos ser y no alcanzamos a ser.
Gratifica conocer el éxito en la gestión de las cuentas públicas y el espíritu de ahorro, tanto del Ayuntamiento de la capital como de la Diputación; y más en esta última, con una carga financiera importante que dicen lastra en cierta medida los proyectos provinciales. ¿Qué hubiera sido de “aquello que queda de algo”, 25 millones de euros, habido en la calle Burgos, de haber fructificado la operación de la calle Jardines, operación que sigue viviendo su particular letargo? No quiero ni pensarlo. La provincia nadaría en la abundancia a costa de menguar las arcas capitalinas, arcas que por otra parte cuentan también con un “aquello que queda de algo” de casi 29 millones de euros. ¡Con la cantidad de proyectos que se eternizan! Podríamos solicitar la publicación de las cuentas de todos los Ayuntamientos y Diputaciones de la Comunidad y comparar, sacar pecho, demostrar lo sobrados que andamos, presumir de lo que aquí somos capaces de hacer con los dineros. Todo esto, en una ciudad y provincia necesitadas de potenciar las inversiones, estaría muy bien si la realidad no fuera la que es, realidad que nos lleva a contemplar, día sí y día también, donde estamos y hacia donde nos dirigimos.
Creo que fue en un poema de Borges, adaptación de un texto de Shakespeare, donde leí que “los futuros tienen una forma de caerse en la mitad”. Aquí, casi todos los futuros que son apoyados en su inicio con dinero público, y sostenidos en ocasiones durante su efímera vida, se caen en la mitad. El último exponente ha sido el ambicioso proyecto de “Ventastur”, otro remanente hoy, que se ha ido al traste por mor de esas cosas que desgraciadamente suceden por estos lares con demasiada frecuencia. Iniciativas de parecida naturaleza terminaron languideciendo después de anunciarse a bombo y platillo, con inauguraciones rimbombantes y otro tipo de actuaciones que están en la memoria de todos y que podrían figurar en cualquier tratado sobre el dispendio.
Y para remanentes la Junta de Castilla y León. Hace unos días, con ocasión de la celebración del Día del Árbol, me encontré con un anuncio a toda página en un periódico de tirada nacional, anuncio en el que la Junta aseguraba haber plantado ese día 60.000 árboles; y hoy, y mañana y todos los días, afirmaba con gran riqueza tipográfica, hasta alcanzar los 25 millones al año. O sea, 2.500 árboles plantados a la hora en jornada laboral de 24 horas. Loable logro. Dentro de diez años, 250 millones. Si tenemos en cuenta la población estimada para entonces en Castilla y León, que algunas estadísticas cifran en 2,4 millones de habitantes, corresponde algo así como 100 árboles a cada castellano-leonés, porque alguno se secará, digo yo.
Es bueno que estos datos salgan a la luz e iluminen el panorama político. Falta hace después de la oscuridad que ha envuelto a la firma del Protocolo para el Soterramiento del Ferrocarril, tan deseada que de puro deseo ha pasado inadvertida. Esperemos que no se convierta también en un “aquello que queda de algo”. ¡Qué portada a cuatro columnas se han perdido los ilustres firmantes! Diario Palentino, 31-03-08
Este texto ha sido leído 14 veces!
Una respuesta a “Remanentes”
Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.




Como siempre me uno a tu reflexión. Un abrazo.