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En la barra del bar

 Publicado por en 30 marzo, 2008
mar 302008
 

Vengo de comprar el pan, el periódico y, como cada domingo, esos churros extraordinarios difícilmente superables. Hace frío a estas horas de la mañana, una mañana trastocada por el adelanto de la hora, adelanto que se deja notar en el único bar abierto en el barrio cuando los relojes marcan las 9 y los más madrugadores toman café, leen la prensa o charlan amigablemente. Los jóvenes regresan a casa con una hora menos de disfrute a sus espaldas tras una noche más corta de lo habitual; algunas mujeres acuden a la iglesia a cumplir con sus obligaciones religiosas mientras un grupo de ciclistas aficionados pedalean a buen ritmo por la avenida Valladolid.

En el bar hablan del euribor, uno de los nuevos demonios del siglo XXI. Dice el camarero que la subida de los tipos de interés ha hecho disminuir la clientela, que la gente ya no alterna como antes, que el vino peleón vuelve a tener protagonismo… “Es que la gente creía que esto era Jauja… Y claro, cuando vienen mal dadas todo son quejas… También a mí me hubiera gustado comprar un piso de 120 metros y un coche de cuatro kilos pero… Ahora que cada palo aguante su vela… ¡No te jode!”, sostiene un cliente tras interrumpir la lectura del periódico deportivo en la que estaba enfrascado. Y comienza el debate, en el que participamos los cuatro clientes que estamos en el bar, más el camarero y el dueño.

- Tiene razón ese señor. Aquí todo el mundo pensaba que nunca iba a llegar la época de las vacas flacas. Mi vecino me ha dicho que las está pasando putas para pagar la hipoteca, que se arrepiente de haberse endeudado de la manera que lo hizo y que ahora le cuesta un huevo llegar a fin de mes, afirma un caballero al tiempo que moja en el café una de las pastas obsequio del dueño del establecimiento que, sentado en un extremo de la barra, escucha atentamente la conversación, en la que interviene.

- Mucha crisis y mucha historia pero la Semana Santa pasada no había un alma por la calle; aquí entraron cuatro gatos, cuando vosotros sabéis que los fines de semana y días festivos esto se llena a la hora del aperitivo. O no fue así, Manolo, concluye dirigiéndose al señor que está a su lado.

Manolo me mira esperando mi opinión y, antes de que yo me pronuncie, dice:

- Vamos, Saldaña, tu que has sido empleado de Banca, que opinas

- Pues que tenéis razón. Era algo que se veía venir pero ya se sabe… Con tipos de interés al 2%, la cultura de vivienda en propiedad que hay en este país, la bonanza económica, la sociedad de consumo que todo lo puede… Ahora vienen los lamentos y los problemas. No sé lo que durará esta situación, pero si la morosidad aumenta Bancos y Cajas tendrán problemas; habrá que establecer fórmulas que eviten la ejecución de hipotecas, medida que por otra parte ninguna entidad financiera desea. La verdad es que resulta complejo. Conceder moratorias, reducir cuotas ampliando plazos… Y no hay que olvidarse de la bajada del precio de la vivienda, pues si éste cae por debajo del importe del préstamo no sé que otras garantías pedirían los Bancos.

- No, si al final tendremos que pagar el pato los de siempre, dice Manolo, cuando son otros los que se han hecho millonarios y los Bancos alcanzado unos beneficios inimaginables, históricos.

Le dedico una sonrisa a Manolo, pago mi café y tras mi adiós escucho un expresivo ¡manda cojones! que entiendo da por concluido el debate.


  Una respuesta a “En la barra del bar”

  1. Son bonitas esas horas de la mañana en la calle. Las personas/alondra disfrutáis de ellas, pero las personas/buho disfrutan de las noches, que también tienen su aquel.
    Y las que somos buho y alondra al mismo tiempo…. dormimos poco.

    Pero, ¿quien quiere dormir más? Dormir es lo más parecido a estar muerto.

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