CREPÚSCULO
La mirada se pierde
sobrevolando horizontes,
divisando el arroyo que fluye
cadencioso junto a carrizos y retamas.
Una mariposa aletea
sobre el frescor de las aguas que,
en orquestal cascada, entonan
músicas entre espumas serpenteantes.
Cae la tarde,
y en la copa de un árbol,
escondido, el jilguero desgrana
una sinfonía de halagadores trinos.
El camino se bifurca:
tú, a la derecha;
yo, a la izquierda.
Nos aleja un adiós,
nos espera la noche.
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Una respuesta a “De mi poemario inconcluso”
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¡Oh noche que me guiaste!,
¡Oh noche amable más que el alborada!