La película Amar peligrosamente, muestra, más allá de la historia romántica que la envuelve, la cruda realidad de los marginados. Rodada en Etiopía, Camboya y Chechenia, escenarios de injusticia y hambruna permanente, acerca al espectador el lado más oscuro de la insolidaridad humana y la insensibilidad de las sociedades desarrolladas. Por la pantalla desfilan rostros anónimos, que me trajeron a la memoria los que Khalill Gibran describe en El loco:
«He visto un rostro con mil semblantes, y un rostro que no era sino un sólo semblante, como si estuviera en un molde.
He visto un rostro cuyo resplandor no ocultaba su fealdad interior, y un rostro cuyo resplandor escondía una belleza aún más espléndida.
He visto un rostro viejo con arrugas inexpresivas, y un rostro terso en el que todas las cosas habían dejado su huella.
Conozco los rostros porque miro a través de la tela que mis propios ojos tejen, y busco la realidad que hay debajo»



Repasas mucho a Gibran… me gusta.