El paisaje enmudecía en verde junto a la ribera del Carrión, que aguas abajo abandonaba la paz con la que discurre por la capital palentina para romper en torrente, bifurcarse y bordear el parque Isla dos Aguas. Flora y fauna le cantaban a la primavera mientras yo, recordando tiempos de infancia, me esforzaba en identificar el trino de los pájaros.
Olía a paz en esta ciudad que abandonan los jóvenes y pronto poblarán los jilgueros. Olía a paz y a ardor juvenil, escenificado sin recato sobre la hierba por una pareja de adolescentes que trajeron a mi memoria los versos de Ted Hughes que aquí dejé ayer: “Cuando besos y abrazos se repiten / desaparece el tiempo”.
Su retozar me pareció una explosión de pasión, de vida, de literatura… “La vida es una invención, y la literatura memoria perfeccionada”, decía el escritor Francisco Ayala. ¿Y la pasión?… Alguien dijo de ella que es una emoción crónica.



Mientras paseabas tu tierra palentina yo disfrutaba el delta del Danubio y había pasión en mi paseo.
la pasión hay que disfrutarla todos, todos los dóas, amigo.
Un beso.
O, al menos, intentarlo.
“La pasión es una emoción crónica” … ya lo creo!
Aquel que ya no sienta pasión por algo, puede considerarse “un muerto en vida”
Un abrazo Pablo ( envidio esa primavera)
Latina
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