Oligarcas sin rostro

«Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social». —Artículo 23. 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos—

La democracia ha caído en manos de la mercadocracia, o lo que es lo mismo: la política ha sucumbido ante la economía. El escenario de las grandes decisiones ha cambiado. Ahora son los mercados quienes en la sombra hacen y deshacen a su antojo. Estos nuevos oligarcas sin rostro, que un día te quieren y otro te odian, manejan, manipulan, prostituyen, someten, ignoran y vapulean  sin recato alguno los principios éticos que un día se plasmaron en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La explotación del hombre por el hombre vuelve a su máximo esplendor. Lo expresa magníficamente la viñeta de El Roto en El País, tan ilustrativa como elocuente a la hora de señalar el camino para salir de la crisis. Entretanto, ayer, en ese orgasmo bursátil que vivió Europa, los oligarcas sin rostro volvieron a obtener beneficios de escándalo.

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