La tecla del pánico

No se sabe si fue un problema del hardware o del software, o de la garra del buitre inversor, que con o sin intención pulsó la tecla del ordenador, lo que llevó ayer el pánico a Wall Street.

Por unos instantes la sombra de aquel jueves negro de 1929 sobrevoló el santa santorum de los mercados, aunque en esta ocasión nadie se arrojó por la ventana. Poco importaban los tres muertos habidos en Grecia a causa de una huelga general que se me antoja justa y necesaria. Lo importante era recuperar la confianza de los inversores y devolver la tranquilad a las huestes neocapitalistas.

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