Consustancial

La capacidad de sorpresa que a uno le podía quedar, se vio reducida ayer a la mínima expresión al escuchar a Esperanza Aguirre manifestar sin recato alguno que “la corrupción es consustancial a las instituciones”. Hasta el momento, que yo sepa, solamente Izquierda Unida ha respondido con contundencia a la presidenta madrileña, por lo que cabría entender  —los silencios suelen ser sinónimo de asenso— que el resto de fuerzas políticas y sociales comparten la apreciación de la señora Aguirre. Ver para creer.

Siguiendo la tésis de doña Esperanza, cualquier servidor público es un presunto corrupto, al que hay que perseguir y condenar si se le descubre en el ejercicio de la corrupción, pero al que incluso hay que aplaudir si es lo suficientemente hábil o pícaro para esconder sus felonías sin que éstas trasciendan a la sociedad. La honestidad y la honradez pasan a ser virtudes descatalogadas dentro de los requisitos imprescindibles para ejercer la función pública. Lo verdaderamente importante, sentencia Aguirre,  es “qué se hace con los corruptos”. Yo lo tengo claro. Más allá de la condena, leve, por supuesto, habría que exponerlos  en la plaza del pueblo, con un cartel colgado del cuello que rezara: “He aquí un torpe corrupto consustancial. Se dejó pillar”.      

1 comentario en Consustancial

  • ¡Qué bueno! Pero lo mejor es la intención de voto de los electores españoles, se ve que hay una mayoría que “pasa” de la corrupción o envidia a los corruptos.