Los directivos de Goldman Sach negaron ayer ante el Senado estadounidense “toda conducta delictiva con sus inversiones y sus clientes”. “Todo se reduce a un simple problema ético”, alegaron. Acusados por la agencia reguladora de EEUU de haber cometido fraude en la utilización del dinero de sus clientes en el mercado inmobiliario, y sospechosos también de haber ayudado al anterior Gobierno griego en el presunto maquillaje de las cuentas públicas, se despachan diciendo que todo se reduce a un simple problema ético. Tienen razón, no han delinquido, simplemente han pisoteado la ética, ellos y las agencias de calificación que ayer les robaron el protagonismo al rebajar la deuda griega y poner en cuestión la fortaleza del euro y el futuro de la recuperación de la zona euro. Pronto salieron los especuladores, de la mano de los famosos mercados financieros, a hincar el diente a la maltrecha situación de la economía para seguir llenando sus alforjas con pingües beneficios, que pueden haber sido puestos ya a buen recaudo en algún paraíso fiscal.
¿Pueden tener credibilidad quienes no supieron predecir la crisis y siguen aprovechándose de ella para enriquecerse? Lo que si tienen es desvergüenza.
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