Corren malos tiempos para la izquierda europea, y no creo que el éxito obtenido ayer por la francesa pase de ser algo más que una ilusión efímera. Quién nos iba a decir a los de mi generación que al que fuera ministro de Franco, Gonzalo Fernández de la Mora, le asistían dotes de profeta cuando en 1965 vaticinó, en su obra El crepúsculo de las ideologías, que «cuanto mayor es el desarrollo cultural y económico de una sociedad, menos factible resulta la adopción de las decisiones públicas en función de ideologías y más se imponen los criterios estrictamente racionales o científicos», entendiendo como tales, a mi modo de ver, los derivados del capitalismo mas voraz, pues es de sobra conocido que el dinero no entiende de ideales, y si me apuran ni de desarrollo cultural, ya que en España nunca le interesó.
Y aquí está la izquierda española, sumida en su particular crepúsculo, desnortada, dubitativa; nostálgica la más escorada -Izquierda Unida y los restos del PC-, errante, timorata, acomplejada, con su militancia sumida en el más profundo de los silencios, la que eligió la vía de la socialdemocracia -PSOE-. Uno confía en la izquierda social, que la hay, para que retome el pulso a este país y reconduzca la situación pues, como manifestó Ignacio Muro Benayas en su artículo publicado en El País en agosto de 2007, España, España, España… desde la izquierda, «en este tiempo de cambios, cada nación necesita una brújula para corregir rumbos con rapidez y un ancla para fortalecer sus identidades»
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2 Respuestas a “La izquierda silente”
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La empresa solo tiene un dios: “el euro”, y un manual sagrado: “el máximo beneficio”, por tanto solo se casa con quien le garantice su “religión”
Very true! Makes a change to see somonee spell it out like that.