Conforme arrancas las hojas del calendario y las vas colgando de tu espalda, las cosas adquieren otro perfil. Algunas, que en un momento de la vida fueron objetos animados, pasan hoy a ser inanimados; y lo mismo ocurre con ciertas relaciones, gustos, aficiones, inquietudes que, sin darte cuenta, vas aparcando en el rincón del olvido, cuando tanto supusieron en otro tiempo. Sin embargo, otras que ignoraste, que relativizaste, pasan a ocupar un primer plano, convirtiéndose en epicentro de tu ser y estar. Son esas pequeñas cosas con las que te encuentras cada mañana al ir a comprar el periódico y el pan; o al atardecer, cuando al contemplar la puesta de sol vienen a la memoria aquellos versos que un día subrayaste en el poemario que dormita en un estante de tu biblioteca.
Otro tanto ocurre con los sentimientos, las pasiones, las ideologías… y aquella utopía que abrazaste en los años de juventud, rota hoy, desmoronada por el paso del tiempo y una realidad que se hace incontestable. Quizá por eso cobra fuerza la cita que figura en la cabecera de este blog: «La música y la literatura son amigos que nunca te abandonan».
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2 Respuestas a “Las pequeñas cosas”
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Vamos diciendo “bueno” a tantas cosas
que nos hubieran puesto en pie de guerra…
Concha Lagos
Confome iba leyendo tus pequeñas cosas iba asintiendo con la cabeza, amigo mío. Un abrazo de la mallorquina