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La mirada de los otros(Fernando Vallespín, El País)"Lo hicimos bien, muy bien. Hasta que nos lo creímos. Hasta que algún político pretendió que el producto del esfuerzo de todos era en realidad obra suya" |
Luto en el “7″
La tauromaquia ha perdido un aficionado, y no uno cualquiera. Salva, amigo, taurófilo y taurómaco por excelencia, nos ha dejado. Fue, como afirma Rosa J. Cano, “un defensor de la integridad del toro bravo, aficionado a tiempo completo”. Tras cinco años de lucha su cuerpo ha dicho basta. No pudo superar la cornada que en forma de enfermedad le pegó la vida.
Me uno al dolor de María, su compañera, al de sus hijos y al de todos los aficionados de la Asociación El Toro de Madrid por tan sensible pérdida. El tendido “7″ de Las Ventas se queda huérfano. Quienes le conocimos y apreciamos desplegaremos el capote del recuerdo cada tarde cuando se abra la puerta de chiqueros y salga el toro que él tanto defendió. Descansa en paz, maestro.
Hoy destacamos…
Almudena Grandes, en El País, Una mirada
«Por eso me impresionan estos ojos que miro por primera vez pero he descrito ya muchas veces, los ojos de un hombre solo, un único hombre en cuya mirada cabe toda la injusticia, toda la amargura, el sufrimiento, la soledad que en este mismo momento está aplastando a tantos seres humanos en cualquier lugar del mundo»
De la refundación a la nada
Vuelven las expresiones de grueso calado para definir el momento por el que atraviesa la bolsa española: hundimiento, desplome, batacazo… Atrás quedó la noticia -escasamente difundida- del suculento beneficio, el 30% nada menos, alcanzado por el IBEX 35 durante el pasado ejercicio. Alguien se lo llevaría, pienso.
Viene a mi memoria la “operación Terra” y su evolución bursatil, uno de los episodios más rocambolescos de los ocurridos en la reciente historia del capitalismo mas voraz que se recuerda, cuando el sistema financiero recomendaba a diestro y siniestro invertir en lo que luego resultó ser el mayor fiasco de los últimos tiempos. Desconozco lo que opinaría entonces Sarkozy, hoy presidente francés, quien actualmente sostiene la idea de una refundación del capitalismo que no se atisba por parte alguna. La de otros correligionarios del galo, que moran por estos pagos, es de sobra conocida.
Por eso, yo me quedo con la reflexión a la que invita Manuel Rivas en su artículo de hoy en El País, una realidad palpable que él titula Arriba y abajo para poner el dedo en la llaga de lo que está ocurriendo: «La diferencia es que mientras los más ciegos de la plebe sufrimos durante años con la visión de la gran burbuja a punto de estallar como pesadilla de El Bosco, el círculo poético del FMI, abrazado a las farolas de Wall Street, lo pasaba pipa confundiendo el extraño artilugio con la luna llena»
Sus labores
Tienen entre 60 y 65 años -quizá alguno más- y la mayoría fueron “expulsadas” del mercado laboral cuando contrajeron matrimonio. La que tenía trabajo, lo abandonaba para dedicarse al cuidado del marido y de los hijos que fueran viniendo. Era lo que el buen orden social tenía establecido a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, cuando en el DNI de la mujer casada figuraba como profesión “sus labores”.
Hoy, esposas de jubilados, siguen dependiendo del sustento del marido, ahora en forma de pensión que, si enviudan (la tendencia es que haya mas viudas que viudos), se ve reducida a la mitad, aún después de que su cónyuge cotizara a la Seguridad Social durante más de 40 años. Negro presente y negro futuro, y no sólo por el posible luto que guarden.
No sólo el toro
Pensando en la muerte del toro imaginé un pescador en la laboriosa tarea de acercar a una trucha a la orilla del río mientras ésta luchaba incansable por zafarse del anzuelo, en un intento de huir de la muerte; imaginé también como la trucha, tras romper el sedal, huyó con el anzuelo clavado en su boca para terminar muriendo aguas abajo. Vi a una liebre dar volteretas malherida antes de rendir su vida junto a unos matorrales con una perdigonada en el lomo. Contemplé, en el restaurante al que acudo de vez en cuando, a un grupo de comensales dando cuenta de unas almejas vivas que se retorcían al sentir el efecto del jugo de limón antes de ser devoradas. Y en ese recorrido cruento, imaginé también un matadero y el proceso industrial del sacrificio de animales… Y a los miles de visones, patos, ocas y demás fauna “fabricada” por y para satisfacer ciertos caprichos del hombre. Todo esto ocurrió mientras en El País de hoy leía a Rosa Montero en su Párate y mira.
La frase del día…
«Cada cual ha de asumir el tanto de vergüenza que puede soportar, pero a veces la responsabilidad de una situación es colectiva cuando la indiferencia toma carta de naturaleza y alienta la impunidad»
Figura en el artículo La vergüenza de la impunidad, de Lydia Vicente y Alicia Moreno en El País.
Cuentos
Desde los ecos del “episodio” de la lenguaraz lideresa con su hijoputa a la sordina (qué habrá dicho Rouco de su singular feligresa), hasta los vaivenes de los políticos afilando sin disimulo las navajas del electoralismo, el domingo ha sido propicio para refugiarse en la música y la literatura.
Leí a León Felipe, buscando en su poesía y en su prosa explicación a la España de hoy, retrato de la de ayer que tan bien dibujara el insigne zamorano. Me detuve en estos versos y en todo el trasfondo que encierran:
«Yo no sé muchas cosas, es verdad. / Digo tan sólo lo que he visto. / Y he visto: / que la cuna del hombre la mecen con cuentos, / que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, / que los huesos del hombre los entierran con cuentos, / y que el miedo del hombre… / ha inventado todos los cuentos. /Yo sé muy pocas cosas, es verdad, / pero me han dormido con todos los cuentos… / y sé todos los cuentos»
Los inservibles
Gran parte de una generación, la que tiene ahora entre 50 y 62 años, ha sido expulsada sin contemplaciones del mercado laboral: unos mediante prejubilaciones, otros mediante ERE, algunos aceptando la invitación a ejercer su derecho a jubilarse al haber alcanzado el suficientes número de años de cotización a la Seguridad Social. Solamente los funcionarios y altos ejecutivos se mantienen activos.
Son de sobra conocidas las “presiones” recibidas desde las empresas para que los trabajadores opten por estas soluciones, para aceptar la realidad: los mayores de 50 años no le sirven al mercado. No dan el perfil. Buena muestra de ello es el número de desempleados que no ve la forma de encontrar trabajo si rondan la cincuentena. Ahora, según pretende el Gobierno, con el rechazo de la oposición y los sindicatos, todos los nacidos a partir de 1959 se jubilarán a los 67 años. Los empresarios, siendo benévolo, habrán sonreído.
La frase del día…
«Hay demasiado miedo a quedar mal por parte de los políticos, demasiado miedo a correr riesgos que puedan ser impopulares, demasiado miedo a que el adversario salga más sonriente en la foto, demasiado miedo a los miedos de la gente»
Lea en El País el artículo de Josep Ramoneda, El placer del hipocondriaco, donde figura la frase.
Ángulos
Sí, aunque les resulte difícil creerlo, en la prensa hay algo más que Cristiano Ronaldo, la presunta crisis matrimonial de la pareja Brad Pitt-Angelina Jolie o la impactante noticia sobre la deuda -325.000 millones de euros- que los promotores inmobiliarios tienen con cajas y bancos, deuda que mucho me temo acabará salpicándonos a todos. Tiempo al tiempo.
Quien lea el diario El País se habrá encontrado, en la sección de Cultura, con la entrevista de J.M. Martí Font al filósofo argelino Sidi Mohamed Barkat, profesor de la Sorbona. Una realidad preocupante la que dibuja el filósofo, que trae a mi memoria otra, preocupante también, de la que en su día advirtió el periodista argentino Sergio Ciancaglini en La revolución del sentido común (Editorial Sudamericacana Señales, 2002). Mohamed Barkat afirma que «el trabajo ha desbordado su esfera para invadir la de lo privado». Reflexionen. Ciancaglini, siete años antes, hablando de la revolución ética, sostenía: «Desde la ética se instalaron algunos de los mejores proyectos diseñados para la raza humana, tales como la creación y defensa de los derechos individuales, políticos, económicos y sociales» Reflexionen también. ¿No será la ausencia de ética la que ha llevado al trabajo a invadir lo privado y a convertir lo público en el pimpampum del neoliberalismo?
Espacios
La señora Sánchez-Camacho, doña Alicia, candidata del PP catalán, ha puesto de moda un nuevo lema del que sin duda espera sacar jugosos réditos en las próximas convocatorias electorales: “No cabemos todos”. Visto así, desde la óptica de quienes quieren reservase para si espacios exclusivos, y al parecer también excluyentes, no resulta novedoso. Diría más, ni tan siquiera noticiable si no fuera porque en este país nuestro existe cierta tendencia a magnificar las cosas y poner altavoz a cualquier chorrada que se le ocurra al político de turno o al personaje famosillo que se asoma a la pequeña pantalla para contar sus miserias. ¿Esperaban ustedes otra declaración de la señora Sánchez-Camacho? Yo, no.
Los espacios de España, incluidos los naturales, siempre han sido propiedad de unos pocos. Recuerden si no el que nos acercaba hace unos días el diario El Mundo: la imagen del dictador Franco rodeado de miles de perdices yacentes, rendidas a sus pies víctima de su insigne escopeta y de las que en patriótica cacería colaboraron a engrandecer el prestigioso currículo cinegético del morador de El Pardo. España siempre fue territorio de espacios reservados, desde ser la reserva espiritual de Occidente hasta el mayor exponente de la furia que acuñó un futbolista, Belauste, con aquel “a mi, Sabino, que los arrollo”, pronunciado, dicen, en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920.
















