De error grave a indiferencia
En un país normal, el aniversario de la aprobación de su Constitución, o un acontecimiento de similar rango, es la Fiesta Nacional. Pero aquí, como no somos un país normal, nos aferramos aún a viejas tradiciones que traen connotaciones que distan mucho de ser lazo de unión entre pasado y presente, tradiciones como la celebración del 12 de octubre, antes Día de la Hispanidad en recuerdo del descubrimiento de América y hoy un fiesta religiosa más que añadir al calendario, revestida como nuestra Fiesta Nacional.
El 6 de diciembre de 1978 aprobamos una Constitución que pretendía ser la de todos y para todos. En estos 31 años de existencia, nuestra Carta Magna ha pasado por no pocas visicitudes, entre las que se encuentran ciertos ataques periféricos y el ninguneo primero, y posterior abrazo después, de cierto sector conservador entre el que se encuentra el ex presidente del Gobierno José María Aznar. Baste recordar los artículos publicados por éste en el diario La Nueva Rioja en el año 1979; o aquellas frases pronunciadas por él y sus ministros, que hoy recuerda el diario Público, cuando se “apropiaron” de la Constitución. Fue el propio Aznar quien en 1994 calificó de «”error grave” que el lehendakari nacionalista José Antonio Ardanza y su partido, el PNV, decidieran no celebrar el día de la Constitución en el Congreso de los Diputados, junto a los demás grupos políticos». El pasado día 6, ningún presidente autonómico del PP acudió al Congreso de los Diputados a celebrar el día de la Constitución. Pero claro, esta es otra historia que hoy se escribe de otra manera.














La actitud del PP es firme: Todo lo que hagamos “nosotros” es justificable por el simple hecho de que somos “nosotros”.