Símbolos
En América desembarcamos con el crucifijo en una mano y la espada en la otra. El primero, cuentan, como símbolo de la fe cristina que más tarde impondríamos a los indígenas sin preocuparnos entonces de su libertad; la segunda, para apropiarnos por la fuerza de aquellos territorios que Colón confundió con Las Indias. Innumerables pintores han dejado testimonio de aquel histórico acontecimiento.
Con el paso de los siglos hemos ido sustituyendo, aunque tarde, la espada por la palabra; el crucifijo permanece, fiel a nuestra tradición cristiana, a nuestra cultura… como acaba de recordarnos algún Obispo. Esta permanencia rebasa lo religioso, lo privado -entendiendo como tal el ámbito en el que debe desenvolverse la religión que cada cual profese-, invadiendo el territorio de lo público, yendo más allá de lo dispuesto sobre la aconfesionalidad del Estado en la Constitución que aprobamos en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Y público es el espacio de la escuela que sostiene el Estado, y en ella, por muy enraizadas que estén ciertas tradiciones, no deben permanecer símbolos que, aún sin dañar, “violan la libertad religiosa” en una sociedad plural, tal y como ha declarado recientemente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, tribunal, por cierto, loado no hace mucho cuando rechazó el recurso de Batasuna y vilipendiado hoy desde sectores conservadores tras la “sentencia sobre los crucifijos”.














Rizando el rizo amigo Pablo, seguimos demostrando ser el ultimo país de África y no el primero de Europa.
Ya esta bien de estúpidas batallas que son por el articulo 33 parece ser.
Que vivimos en un estado acofensional.
Alguien se acuerda?
Y busquemos la integración por favor. Somos un país multietnico y como tal da para acoger tantas religiones como ciudadanos comparten nuestra tierra.